DALLAS, Texas.— Cientos de indocumentados que en los últimos días permanecieron refugiados en una iglesia católica de la comunidad de Postville, Iowa, comenzaron a abandonar el templo este fin de semana tras recibir apoyo de autoridades religiosas.
Entre 250 y 300 inmigrantes se refugiaron en la iglesia católica de Santa Brígida, de Postville, desde el pasado lunes, cuando agentes migratorios realizaron una redada en la planta procesadora de carne Agriprocessors, y detuvieron allí a 390 trabajadores indocumentados.
El arzobispo Jerome Hanus, de la Arquidiócesis de Dubuque, Iowa, encabezó la noche del sábado un servicio religioso en la iglesia, en el que ofreció palabras de confort y esperanza a los inmigrantes. "Para Dios no existen legales o ilegales", dijo Hanus en español.
La presencia del arzobispo reforzó el apoyo de la Iglesia Católica a los cientos de familiares de los detenidos que se habían amparado en el templo, de acuerdo con un recuento hecho ayer por el diario Waterloo Cedars Falls Courier, de Waterloo, Iowa.
Según el periódico, un hombre que se identificó como trabajador indocumentado en la planta Agriprocessors dijo que la presencia del arzobispo le había dado seguridad. "Nos da un poquito de tranquilidad, de paz", indicó.
La misa se celebró a pesar de las condiciones del templo, luego de haber sido prácticamente tomado desde el pasado lunes por los indocumentados, que acudieron ahí a refugiarse ante el temor de ser detenidos en sus casas.
Pilas de cobertores y mesas fueron reubicadas a un salón externo para dar campo a los feligreses.
A pesar de las condiciones atípicas, Luz María Ramírez, una profesora de español que a lo largo de la semana trabajó como voluntaria en la iglesia, dijo que la situación en Postville se ha estabilizado.
La religiosa Mary McCauley, del ministerio hispano de Santa Brígida, dijo que sólo unas 20 personas permanecían refugiadas en la iglesia este fin de semana.
Los miembros de Santa Brígida promovieron que las familias de refugiados buscaran asilo con otras y se ayudaran mutuamente. Sin embargo, McCauley dijo que la iglesia continuará apoyándolos con alimentos y recursos.
En su homilía, durante una misa bilingüe, el arzobispo Hanus denunció la redada del pasado 12 de mayo y dijo que este incidente destaca la necesidad de que se lleve a cabo una reforma migratoria integral.
"Las familias han sido desintegradas, padres e hijos están llenos de temor. Muchos no están seguros si sus seres queridos serán arrestados, encarcelados indefinidamente o deportados", señaló.
"Este estado de terror es una evidencia de que nuestro sistema político no ha atendido en forma adecuada la demanda de trabajo, nuestra inadecuada políticas y prácticas de inmigración y los amplios retos económicos", afirmó.
Activistas comunitarios y líderes religiosos procedentes de todo Iowa tenían planeado reunirse ayer en la comunidad de Waterloo, para discutir el impacto de la redada del pasado lunes.
La reunión se efectuaría luego de una marcha en las afueras del National Cattle Congress, cuyas instalaciones fueron utilizadas en días pasados para procesar a los cientos de indocumentados detenidos.









