Ya han pasado 19 años desde el estreno de Indiana Jones and The Last Crusade, la tercera entrega de las aventuras del héroe cinematográfico protagonizado por Harrison Ford, que en aquella ocasión se reunió en las pantallas con su padre, a quien dio vida Sean Connery.
Connery, quien fue el no menos antológico James Bond en las primeras cintas de la serie del Agente 007, rodó ‘The Last Crusade’ a los 59 años, cuando Ford contaba con sólo 47.
Hoy, el primero ya ha abandonado el cine —declinó intervenir en Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, el título de la nueva secuela, a estrenarse el 22 de mayo, afirmando que "estar jubilado es increíble", pero reconociendo que "si había un proyecto tentador era hacer otro filme de Indiana Jones".
Y Ford, quien también fue Han Solo en los primeros tres filmes de la serie Star Wars, cumplirá el próximo mes de julio 66 años.
Y eso no es todo: George Lucas –el productor y creador de la saga– tendrá 64 años, y Steven Spielberg, su director, irá camino de los 62.
Parece una convención de jubilados, ¿verdad?
No respondas muy deprisa, porque la energía de estas tres figuras extraordinarias de la historia del cine podría dejar en ridículo a más de un adolescente.
A pesar de que Harrison Ford comentó en un comunicado: "No estoy seguro de que los pantalones me vayan bien, pero estoy seguro que el sombrero sí encajará", semanas antes de empezar el rodaje —en referencia a su aumento de peso y a la inconfundible pieza del vestuario del héroe—, durante la filmación la productora Kathleen Kennedy aseguró que el actor participó activamente en muchas de las escenas de acción y que la única diferencia es que ahora "utiliza más hielo y masajes", para aliviarle los dolores.
Pero a pesar de las arrugas, las lesiones y los achaques de la edad, lo cierto es que las primeras imágenes de Ford, de nuevo bajo la apariencia de Indiana Jones, auguran un regreso a la esencia del personaje por la puerta grande... y la demostración de que él es el único intérprete capaz de dar vida al héroe.
Aunque quizás no sepas que cuando George Lucas y Steven Spielberg crearon en 1979 a Indy, como se le conoce popularmente —aunque su nombre completo es Henry Jones Jr.—, el primer actor que les vino a la cabeza no fue Ford, sino Tom Selleck.
Los dos autores le presentaron la oferta a Selleck, por aquel entonces una estrella de la televisión gracias a Magnum P.I., quien tuvo que rechazarla, muy a su pesar, porque sus productores no le permitieron alterar el plan de rodaje de la serie para acomodarlo al de Raiders of the Lost Ark, el primer filme de la saga Indiana Jones.
Eso abrió las puertas a que Lucas apostara por Ford, con quien ya había trabajado en tres ocasiones: en 1972 en American Graffitti, cinco años después en Star Wars: A New Hope, y en 1980 en The Empire Strikes Back (en estas dos últimas dio vida al también aventurero, aunque espacial, Han Solo).
Raiders of the Lost Ark confirmó a Ford como una verdadera estrella. Hasta entonces, y sin contar con las dos producciones de Star Wars, había participado en una serie de cintas que pasaron más bien desapercibidas (Heroes, Hanover Street) o sus papeles eran tan breves que nadie recuerda que estuvo en ellas (como The Conversation o Apocalypse Now, ambas de Francis Ford Coppola).
Debido a esa falta de proyectos, especialmente antes de estrenar Star Wars: A New Hope, Ford decidió dedicarse a la carpintería con el fin de poder mantener a su familia (le construyó un estudio de grabación a Sergio Mendes): por aquel entonces estaba casado con Mary Marquardt, de quien se divorció tras 15 años de matrimonio y con quien tuvo dos hijos (en 1983 se casó con Melissa Mathison, la guionista de E.T., The Extra-Terrestrial, de quien también se divorció en 2004, tres años después de iniciar una relación sentimental con la actriz Calista Flockhart, con quien adoptó a un niño, Liam).
Pero tras dar vida a Han Solo e Indiana Jones, su carrera cinematográfica despegó finalmente. Hasta hace poco, Ford era el segundo actor de más éxito de la historia, con recaudaciones a nivel mundial de casi 6,000 millones de dólares, sólo superadas por Tom Hanks (aunque en estos momentos Will Smith les pisa los talones a ambos).
En cintas como Patriot Games, Clear and Present Danger, The Fugitive o Air Force One confirmó que no había nadie como él en el cine de acción; en dramas como The Mosquito Coast o Regarding Henry demostró que puede ir mucho más allá de persecuciones y peleas; en clásicos como Blade Runner o Witness, su única nominación al Oscar, logró aplausos unánimes de público y crítica; en películas de suspenso como Frantic, Presumed Innocent y What Lies Beneath probó una versatilidad fuera de dudas; y en comedias como Working Girl y Sabrina mostró su lado más romántico y amable.
Pero la primera década del siglo 21 no le ha sido muy beneficiosa a Ford: los filmes K-19: The Widowmaker, Hollywood Homicide y Firewall fueron fracasos de taquilla, al tiempo que rechazó actuar en producciones más exitosas, como The Perfect Storm, Syriana, The Patriot o Traffic, en las que fue sustituido por George Clooney, las dos primeras, Mel Gibson y Michael Douglas, respectivamente.
El año de su recuperación comercial podría ser este 2008. Tras la llegada a las pantallas de Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, se le podrá ver en el drama Crossing Over, donde encarna a un agente de la frontera entre EU y México.
A estas alturas, y a su edad, el actor no necesita halago o premio alguno; es más, podría seguir los pasos de Sean Connery y retirarse, dejando tras de sí una obra y unos personajes inolvidables.
Pero aún no se ha jubilado. Y de este modo, cuando el 22 de mayo aparezca en la pantalla de nuevo como Indy Jones, tendrás oportunidad de ver que, a pesar de todo, Harrison Ford sigue siendo el héroe. A los 65.









