La semana pasada, durante la conferencia de prensa dedicada a la promoción de Transformers: Revenge of the Fallen, uno de sus guionistas, Roberto Orci, respondió a una pregunta acerca del libreto con un irónico: "¿qué guión?".
Orci estaba bromeando… aunque sólo un poco. Quien vaya a ver la secuela del éxito original, estrenado hace dos años, con la intención de toparse con diálogos apasionantes e inteligentes, actuaciones merecedoras del Oscar y un largometraje, en definitiva, que vaya a pasar a la historia del cine, será mejor que dé media vuelta y espere al estreno de Public Enemies, el nuevo filme con Johnny Depp en el papel del ladrón de bancos John Dillinger, que se estrena la semana que viene.
Para el resto, aquellos espectadores que aún tienen a un niño en su interior, que se quedan con la boca abierta ante peleas circenses entre robots gigantescos, que disfrutan con un espectáculo cinematográfico de primer order, Transformers: Revenge of the Fallen es su película.
Para esta continuación, el equipo original regresa prácticamente al completo: desde el director Michael Bay (acostumbrado a secuencias de destrucción masiva: hizo estallar Alcatraz en The Rock, atacó con meteoros Nueva York y París en Armageddon, recreó el ataque japonés a Pearl Harbor en la cinta de tal título) hasta los actores (Shia La Beouf, Megan Foxx, John Turturro).
Pero lo que realmente importa en el largometraje son, por supuesto, los Transformers. Y estos son más grandes que nunca, se transforman con más agilidad que antes y llevan a cabo peleas de las que hasta el público sale exhausto.
Por si a alguien le interesa el argumento, este parece girar en torno a una piedra en posesión de Sam Witwicky (LaBeouf) que en manos de los temibles Decepticons puede causar la destrucción del planeta. Pero Sam cuenta con el respaldo de los más amables Autobots, liderados por Optimus Prime, quienes en esta ocasión se han asociado con el ejército de EEUU.







