En un abrir y cerrar de ojos, el escenario económico ha dado un giro radical en Hollywood.
Hace sólo un año, Harrison Ford, Steven Spielberg y George Lucas estrenaron Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull.
El filme fue un éxito extraordinario en todo el mundo, recaudando 786.6 millones de dólares. El acuerdo al que el actor, director y productor, respectivamente, llegaron con el estudio responsable del filme, Paramount Pictures, fue que no iban a cobrar salario alguno: éste provendría de los beneficios mundiales de la cinta.
Traducción: Ford, Spielberg y Lucas ganaron 97 millones cada uno.
Hace poco más de un mes, Julia Roberts regresó a las pantallas con la comedia romántica Duplicity, por la que percibió 20 millones de dólares en sueldo fijo.
La recepción crítica fue mayoritariamente positiva. Pero el público le ha dado la espalda: desde su estreno, el largometraje ha ingresado sólo 40 millones de dólares y ya es considerado como un fracaso comercial.
Otras dos estrellas de Hollywood que recientemente han intervenido en títulos por los que cobraron cantidades millonarias que no obtuvieron beneficio alguno en las taquillas son Nicole Kidman —actriz considerada hoy como veneno para los cines, a tenor de los fiascos de Australia, The Invasion, Bewitched, The Stepford Wives y, en EEUU, The Golden Compass—, y su compatriota australiano Russell Crowe —A Good Year, Body of Lies y State of Play decepcionaron en la taquilla, aunque American Gangster mantuvo el tipo.
A la lista también cabe añadir George Clooney —tanto Leatherheads como Burn After Reading fueron ignoradas por las audiencias y su único refugio exitoso es la saga de Ocean’s 11—, Eddie Murphy —ganó 20 millones por Meet Dave que recaudó unos paupérrimos 11.8 millones en EEUU— y, hasta cierto punto, Tom Cruise —Mission: Impossible III acumuló 398 alrededor del mundo, pero aún así no fue considerada un triunfo comercial, aunque el astro se embolsó 75 millones de dólares por su labor como actor y productor de la cinta (sus dos filmes posteriores han sido el fallido Lions for Lambs y el algo más exitoso, pero menos de lo habitual para él, Valkyrie).
Mientras tanto, actores como Kevin Walker (Paul Blart: Mall Cop), Liam Neeson (Taken), Beyoncé (Obsessed) y Tyler Perry (Madea Goes to Jail) han demostrado que sin necesidad de cobrar sueldos millonarios sí son capaces de atraer a millones de espectadores, lo mismo que la cuarta entrega de la saga Fast & Furious va camino de terminar su recorrido comercial mundial con más de 400 millones en el banco.
Y filmes sin estrellas de renombre y con presupuestos ajustados como Twilight, The Haunting in Connecticut, The Last House on the Left, Friday the 13th, I Love You Man y The Unborn han ingresado, en proporción, mucho más dinero que producciones millonarias como Watchmen, las citadas Body of Lies, Australia y Valkyrie, o películas protagonizadas por estrellas de renombre como The Reader, Milk, Revolutionary Road, Changeling o Crossing Over.
¿Significa eso que Harrison Ford, Anjelina Jolie o Leonardo DiCaprio están acabados?
No exactamente: estrellas como Will Smith, Johnny Depp, Tom Hanks, Brad Pitt, Clint Eastwood y hasta Jolie siguen atrayendo a las audiencias, especialmente en el mercado internacional.
Por ejemplo, Wanted, The Curious Case of Benjamin Button y Hancock —con Jolie, Pitt y Smith, respectivamente— recaudaron más dinero más allá de las fronteras de EEUU que en el mercado nacional.
"Durante los últimos diez o quince años Hollywood se ha cuestionado cuántas estrellas pueden garantizar el éxito de una película", explica Leonard Maltin, crítico e historiador de cine. "Hasta el pasado diciembre, Will Smith era un nombre invencible. Pero la gente no quiso verlo en Seven Pounds. Incluso él ahora ha perdido su racha de suerte".
"El público sigue atraído por las estrellas de cine, pero sólo cuando [aparecen] en el proyecto adecuado. Eddie Murphy ha tenido una relación esquizofrénica con las audiencias durante años. [Sus fans] los apoyan en ciertos filmes. Pero en otros no lo quieren ver en absoluto", continúa Maltin.
De ahí que a los ejecutivos de los estudios de Hollywood les interesa más trabajar con, por ejemplo, Vin Diesel en Fast & Furious que no Julia Roberts en Duplicity.
La cuarta entrega de la saga automovilística batió récords de audiencia el fin de semana de su estreno, acumulando 70.9 millones en tres días y dejando en la cuneta a la estrella de Pretty Woman.
La ventaja de un actor como Diesel es que, normalmente, no percibe el sueldo de más de 15 millones que gana una intérprete como Roberts y, además, sus películas tampoco cuestan tanto dinero (por difícil que sea de creer, algunas fuentes apuntan a que los presupuestos de Fast & Furious y Duplicity no fueron tan distintos: 80 millones para la primera y 65 para la segunda).
Por ello, Roberts ha visto como para su próximo largometraje, Eat, Pray, Love, su salario ha sido reducido a 15 millones, mientras que Scarlett Johansson y Mickey Rourke se han tenido que conformar con sólo alrededor de 400 mil dólares para actuar en Iron Man 2, según informó Kim Masters en su columna en Internet (la primera oferta a ambos actores fue de unos meros 250 mil dólares).
En una época en la que Lauren Conrad gana 75 mil dólares por cada episodio de The Hills en MTV (lo que equivale a 1.65 millones por año) que Johansson o el veterano Rourke deban conformarse con menos demuestra que la crisis económica está siendo tomada en serio por los estudios cinematográficos.
Las estrellas ya no son lo que eran. Y en uno de los mejores años para la taquilla —en el primer trimestre de 2009 los ingresos han aumentado un 9% con respecto a 2008— su poder e influencia están siendo amenazados por una nueva generación de espectadores que no se deja influenciar por sus nombres y personalidades.
Los cheques por 20 millones de dólares a su nombre son cosa del pasado.
Pero Maltin concluye que "no creo que el público huya de las estrellas. Esa es una expresión algo excesiva. Cuando recomiendo una película, lo primero que se me pregunta es quién es el protagonista. Excepto cuando el filme es Star Trek, es decir, cuando la película es la estrella".
"La gente continúa queriendo ver estrellas de renombre, con las que tienen una relación, pero el nombre de una estrella ya no es suficiente", termina.
En un abrir y cerrar de ojos, el escenario económico ha dado un giro radical en Hollywood.
Hace sólo un año, Harrison Ford, Steven Spielberg y George Lucas estrenaron Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull.
El filme fue un éxito extraordinario en todo el mundo, recaudando 786.6 millones de dólares. El acuerdo al que el actor, director y productor, respectivamente, llegaron con el estudio responsable del filme, Paramount Pictures, fue que no iban a cobrar salario alguno: éste provendría de los beneficios mundiales de la cinta.
Traducción: Ford, Spielberg y Lucas ganaron 97 millones cada uno.
Hace poco más de un mes, Julia Roberts regresó a las pantallas con la comedia romántica Duplicity, por la que percibió 20 millones de dólares en sueldo fijo.
La recepción crítica fue mayoritariamente positiva. Pero el público le ha dado la espalda: desde su estreno, el largometraje ha ingresado sólo 40 millones de dólares y ya es considerado como un fracaso comercial.
Otras dos estrellas de Hollywood que recientemente han intervenido en títulos por los que cobraron cantidades millonarias que no obtuvieron beneficio alguno en las taquillas son Nicole Kidman —actriz considerada hoy como veneno para los cines, a tenor de los fiascos de Australia, The Invasion, Bewitched, The Stepford Wives y, en EEUU, The Golden Compass—, y su compatriota australiano Russell Crowe —A Good Year, Body of Lies y State of Play decepcionaron en la taquilla, aunque American Gangster mantuvo el tipo.
A la lista también cabe añadir George Clooney —tanto Leatherheads como Burn After Reading fueron ignoradas por las audiencias y su único refugio exitoso es la saga de Ocean’s 11—, Eddie Murphy —ganó 20 millones por Meet Dave que recaudó unos paupérrimos 11.8 millones en EEUU— y, hasta cierto punto, Tom Cruise —Mission: Impossible III acumuló 398 alrededor del mundo, pero aún así no fue considerada un triunfo comercial, aunque el astro se embolsó 75 millones de dólares por su labor como actor y productor de la cinta (sus dos filmes posteriores han sido el fallido Lions for Lambs y el algo más exitoso, pero menos de lo habitual para él, Valkyrie).