Es uno de los cineastas del Hollywood contemporáneo que se ha ganado la reputación de autor a base de su propio esfuerzo por resultar original, distinto y artístico en cada una de sus propuestas cinematográficas.
Wes Anderson, que desde su debut en 1996 con Bottle Rocket sólo ha dirigido cinco largometrajes, se ha caracterizado por varios elementos que hacen de su cine una apuesta personal con un sello único: el sentido del humor irónico, personajes idiosincrásicos, canciones de artistas pertenecientes a la primera generación del rock independiente, una elegancia formal y visual exquisita...
Todo ello resulta evidente, con mejores o peores resultados, en títulos como Rushmore, The Royal Tenenbaums, The Life Aquatic with Steve Zissou y The Darjeeling Limited.Su más reciente filme, Fantastic Mr. Fox, —que se estrena mañana en todo el país tras llegar a dos cines de Nueva York y Los Ángeles la semana pasada— representa en apariencia un cambio en su trayectoria, ya que se trata de una cinta animada, imagen por imagen, basada en el cuento de Roald Dahl.
Pero el cambio no es tan radical: en realidad los protagonistas de la cinta —la familia Fox está integrada por un zorro, su esposa y su hijo adolescente, a quienes prestan sus voces George Clooney, Meryl Streep y Jason Schwartzman— siguen con las obsesiones habituales de los personajes del resto de sus filmes.
Pero en esta ocasión, el marco va más allá del cine en imagen real.
Fantastic Mr. Fox presenta una animación que la emparenta con las secuencias de batallas en filmes como Jason and the Argonauts o con las producciones Aardman (Chicken Little), donde las figuras se mueven imagen por imagen hasta un total de 24 imágenes por segundo; un proceso largo en el que la paciencia no sólo es una virtud, sino también una obligación.
"Todo sucede muy gradualmente, pero muchas cosas suceden al mismo tiempo", explica Anderson en una mesa redonda durante la promoción del filme. "No se trata de esperar: siempre se pasa de una cosa a la otra".
"No formé parte del proceso de mover todo imagen por imagen. Trabajamos en la preproducción un año, escribí el guión, grabamos las voces de los actores, dibujamos el story board, colaboramos con el diseñador de producción, creamos los decorados y las marionetas. Pensé que una vez todo eso estaba listo, podía entregarlo a los animadores y mientras ellos estaban trabajando, yo iba a poder rodar otra película hasta que ellos acabasen. No fue así. Me di cuenta que la única forma de sentirme contento con el filme fue formar parte del proceso de principio a fin".
El realizador afirma que "el nivel de detalle de cada plano es increíble: hay un panel donde se especifica qué sucede en cada movimiento, qué sílaba [la marioneta] dice... Es un proceso loco, pero es excitante, nunca aburrido, y sí abrumador".
Anderson, de 40 años, recuerda que cuando leyó el libro de Dahl de pequeño, "me encantó. Fue el primer libro mío en casa. Me abrió las puertas al mundo de Roald Dahl. Aún tengo la copia que me regalaron cuando tenía 7 años... Un día pensé en hacer un filme animado y, al mismo tiempo, adaptar un cuento de Dahl. Así surgió la película".
Cuando hubo que adaptarlo al cine, se topo con un problema. "El libro no tiene demasiado argumento", reconoció. "Es muy corto. No había suficiente para hacer de él una película. Creamos una historia en medio. Por ejemplo, [Mr. Fox] tiene cuatro hijos en el libro, pero no tienen nombres, no tienen personalidad. Pensamos en diseñar una historia extendida sobre uno de ellos".
El trabajo de los actores que doblan a los personajes es impecable.
La diferencia entre esta cinta y otras animadas es que "grabamos a los actores en estilo documental", detalló Anderson. "Nos fuimos todos a una granja, nos conocimos...".
"Hay algo que surgió de eso que fue inesperado, como el sonido del viento. También hay una escena en la que aparece un lobo. Pues Bill Murray dio vida al lobo frente a nosotros. Lo grabamos en video y el animador terminó animando la escena basándose en la ‘actuación’ de Murray".
Meryl Streep, que encarna a la señora Fox, fue la única que grabó sus diálogos a solas. "Meryl vino a París y grabó su diálogo en un día", explica el cineasta. "Yo interpreté el resto de personajes para ella. Meryl se atrevió a todo: le dio a su personaje una emoción que no estaba en el guión".
Wes Anderson está dispuesto a regresar el cine animado... aunque no de momento. Para él, la ventaja del género es que "en el caso de la animación imagen por imagen, al trabajar con miniaturas, uno puede crear decorados que sería imposible construirlos en imagen real. Hay un supermercado en el filme, que parece inmenso, pero en realidad es pequeñito. Aparenta mucho más de lo que teníamos".
"En este tipo de animación, a diferencia de la tradicional [en dos o tres dimensiones] hay la sensación de que son personajes reales, que se mueven, que aparentan estar vivos. Hay algo mágico", concluye.