A diferencia de otras personas de su misma edad, el piso es lo máximo para un grupo de 388 jóvenes de Santa Ana.
Sobre costosos suelos de madera, estos niños y adolescentes entre los 8 y 18 años toman clases de danza moderna seis días a la semana sin pagar un solo centavo.
Ellos forman parte de The Wooden Floor (TWF), un centro no lucrativo enfocado en ayudar a jóvenes de bajos recursos a conocer el arte, al mismo tiempo que estos aprenden a tener confianza en sí mismos.
"El cambio sucede en el estudio sobre este piso. A estos estudiantes les toca lo peor de todo, por eso los directivos y la fundadora Beth Burns dijeron que aquí sería lo mejor y compraron el mejor piso de todos los que miraron", aseguró Melanie Ríos Glaser, directora ejecutiva y artística de la organización cuyo nombre en inglés significa piso de madera.
Ubicada en la mencionada ciudad del condado de Orange, TWF también motiva a sus miembros a continuar en la escuela e ingresar a la universidad.
Alumnos como Katherine Ávila son ejemplos de que sin el apoyo de TWF no podrían tomar este tipo de clases con coreógrafos profesionales, debido a su difícil situación económica.
"Antes jugaba soccer, basketball y hacía gimnasia pero siempre tenía que pagar y cuando mi mamá dijo ballet, yo pensé, vamos a tener que pagar y no tenemos el dinero. Pero cuando vine aquí me dijeron: ‘No tienes que pagar’ y yo estaba muy contenta’", dijo Ávila.
Para Ríos Glaser, no hay nada más satisfactorio que ver triunfar en el escenario y en la escuela a este grupo de futuros líderes, como Ávila, que provienen de familias de un mínimo de cinco personas y un salario anual de no más de 29 mil dólares. Desde el 2005, 100 por ciento de los estudiantes de TWF asisten a la universidad.
"Los milagros que pasan aquí cada día me motivan. Son jóvenes de bajos recursos del condado de Orange que vienen de padres que no pudieron graduarse de la secundaria, a jóvenes que se han graduado de grandes universidades", comentó Ríos Glaser.
La directora y coreógrafa, originaria de Guatemala, atribuyo el éxito académico de los miembros de su centro a la disciplina que les enseñan; a que son motivados a pensar de manera innovadora al crear sus propios bailes; y al mantenerse activos con las clases y ensayos que los ayuda a conocerse a sí mismos sobre todo en esa "edad donde muchos se sienten incómodos con su cuerpo".
"Además de aprender de danza, aprendí a no ser tan vergonzosa y a creer en mí misma, que puedo hacer lo que yo quiera", dijo Yesenia Sánchez, estudiante del doceavo grado de la secundaria Santa Ana High School, cuyos planes son estudiar ciencias políticas en una universidad estatal el próximo año escolar.
Al igual que Sánchez, Ávila aseguró que TWF tuvo un impacto positivo en su vida.
Tras el divorcio de sus padres, la joven de 17 años tuvo muchos problemas personales y académicos pero con la asistencia de los programas de consejería personal y tutoría que recibió en el centro logró sobrepasarlos. En unos meses, ingresará a la universidad para estudiar posiblemente psicología.
"Para mí es como mi primera casa, aquí me la paso todo el tiempo, es casi como mi familia. Me crié aquí", aseguró la joven de 17 años.
Este viernes y sábado, además de Sánchez y Ávila, 72 bailarines más de esta organización se presentarán por segunda ocasión desde el 2005 en el teatro REDCAT, anexo al Walt Disney Hall del centro de Los Ángeles.
"La razón por la que me emociona estar en REDCAT es porque nos afirma que estamos haciendo un trabajo suficientemente interesante para estar en un teatro que se conoce exclusivamente por programar arte de espíritu aventurero", explicó Ríos Glaser.
El espectáculo en Los Ángeles estará dividido en tres actos, creados por los coreógrafos Mark Haim, Nami Yamamoto y Ríos Glaser.
"Lo que no van a ver es ballet folklórico, danza folklórica o baile sincronizado. Lo que van a ver es una mezcla de danza, con un poco de teatro", afirmó.