Hay poco humor en la escritura de Luis Alberto Urrea. Muchos de sus libros famosos, entre ellos El sendero del Diablo y En el Lago de los niños durmientes, se enfocan en gente aislada y desesperada: huérfanos, pepenadores, drogadictos y migrantes. Su nuevo libro, Rumbo al hermoso norte (traducción al español publicada por Back Bay Books) trata de la misma gente, pero esta vez su meta es provocar la risa.
"La frontera que conocemos es solamente una metáfora ruda para la frontera que nos divide como seres humanos, y la risa es un virus que nos une", dijo Urrea. "Pensé que si pudiese escribir algo chistoso sobre un tema que provoca rabia y paranoia en muchos estadounidenses, sería un acto subversivo. Estoy tratando de coaccionar a mis lectores para que apoyen a las mujeres, los gays y los indocumentados —gente obviamente no bien apoyada en nuestra sociedad".
Su narración empieza en Tres Camarones, un pueblito mexicano que a causa de la migración no tiene hombres, y vive bajo las amenazas de los narcos y los bandidos. Después de ver la película clásica Los siete magníficos, la joven Nayeli, sus amigas y su amigo Tacho deciden hacer una travesía al norte para recoger a siete hombres para defender, y repoblar, al pueblo.
Otro meta de Urrea era combatir los mitos y los estereotipos: del pueblito atrasado, el mexicano macho y el migrante invasor. "Los estadounidenses creen que todos los mexicanos tienen una glándula que empieza a producir hormonas de migración a los trece años", bromeó Urrea. "No es la verdad".
Otra inspiración para la novela fue la invasión de tecnología que veía en los lugares más pobres y aislados de México. "En el dompe de Tijuana, ahora hay un café de Internet. Los hijos de los pepenadores [que recogen la basura] están mirando a YouTube. Pronto, van a empezar con Twitter. Hay un hilo cómico en mi novela sobre este tema porque es la realidad".
En la literatura y el cine, es más usual hablar de la experiencia de migrar, pero está empezando una tendencia de enfocar a los pueblos que envían migrantes. Un ejemplo es el documental mexicano Los que se quedan, que se estrenó en el Festival de Cine de Los Ángeles y ganó el premio de mejor documental. Reporteros de televisión como Sam Quiñones también están estudiando los efectos de la migración para los que se quedan.
Como demuestra Urrea en Rumbo al hermoso norte, estos efectos tiene algo bueno y algo malo. "Muchas mujeres en México se encuentran básicamente abandonadas, pero también con grandes oportunidades", dijo. "Hay una falta de liderazgo, y las mujeres por la primera vez está llenando el vacío. Es una transformación".
Otro estereotipo que Urrea enfrenta en este libro y sus otras obras tiene que ver con la representación de la patrulla fronteriza. "Sí son cabrones, no voy a mentir", aseguró. "Pero yo era culpable de prejuicio; no creía que la migra estuviera compuesta de seres humanos. Ahora me he dado cuenta que sí. Algunos son diablos, algunos son ángeles, y la mayoría están en medio. No puedo contar las tantas veces que un agente me dijo qué simpatía tiene por los migrantes".
Pero Urrea no niega la crueldad de la patrulla. "No voy a nombrar a nadie, pero tengo ciertos familiares a los que le faltan ciertos papeles, y ellos han tenido experiencias muy difíciles con la migra. Están obligados a hacer un trabajo brutal, y algunos lo hacen con entusiasmo".
Irónicamente, algunas estaciones de la patrulla fronteriza ahora usan los libros de Urrea como lectura asignada para enseñar a los nuevos agentes cómo es la frontera. "He recibido cartas positivas y negativas de agentes. Algunos me acusan de ayudar e incitar a criminales, pero yo no corté el alambre, amigo".
No es la única crítica que ha recibido Urrea. En sus giras por el país, encuentra a bastante gente racista. "El verano pasado, en Washington D.C., había un hombre gritando que soy mentiroso porque no hablo sobre la mugre que los mexicanos están trayendo a nuestra cultura, que están violando a todos y matándonos con enfermedades. No pude creer que estuvo tan enojado, pero hay mucha rabia ahora. Lo peor es que cuando recibo cartas de ellos, diciendo que todos los personajes en mis libros deben morir. Es una patología muy fuerte querer hacer daño a un desconocido".
Sin embargo, dice Urrea, la mayoría de su público, de la izquierda y la derecha, tienen mucho interés en el tema, y están listos para escuchar. "Tienen hambre para información en que puedan confiar. No tienen confianza en lo que oyen en la tele".
Urrea nació en 1955 en una calle de tierra en Tijuana, de padre mexicano y madre estadounidense. Llegó a EEUU muy joven porque estaba a punto de morir de tuberculosis, sarampión y otras "enfermedades de pobreza". Por eso, opina Urrea, nunca ha tenido problemas en crear confianza entre él y sus sujetos. "Soy de su mundo. Hablo su idioma", dijo. "Crecí entre prisioneros, coyotes, prostitutas, maras, drogadictos, huérfanos y pepenadores. Me conocen muy bien".
Sus años trabajando en las orillas de Tijuana han sido muy difíciles pero muy educativos para Urrea. "Enfrentarte con la desigualdad en la línea es romper el corazón cada día", dijo. "He visto cosas que todavía no sé escribir. Lo peor es el sufrimiento de los niños. Los adultos toman sus decisiones, pero los hijos caen el vórtice de violencia, desengaño y enfermedad".
Un verdadero hijo de la frontera, Urrea critica a los escritores que hacen lo que él llama "mi día en el zoológico".
"Llegan a la frontera y miran a la gente rara, y escriben sobre qué raro somos y todas las cosas raras que hacemos", dijo. "No hay un sentido de respeto para nosotros y nuestra cultura, solo condescendencia, y eso me molesta".
Su historia personal, y su posición como escritor lo ayuda lograr sus metas. "No soy periodista, y ésta es mi libertad", dijo. "Estoy muy abierto con mi apoyo a las personas que están en mis libros. Mi meta más importante es ser testigo por los que no tienen voz".
Rumbo al hermoso norte se publicó en mayo. Su próxima obra será una continuación de su crónica sobre la "Santa de Cábora" Teresa Urrea, héroe de la revolución y tía del autor.