El pianista cubano Alfredo Rodríguez (der.) con su padrino musical, Quincy Jones. [Foto: Ciro Cesar/La Opinión]
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Adelantó que la mayoría de los temas que interpretará en el festival son de su autoría.

Aunque tiene experiencia tocando en festivales internacionales como lo hizo en el suizo Montreaux Jazz Festival —donde conoció a Jones— Rodríguez admitió que se siente un poco nervioso.

"Siempre todos los artistas estamos nerviosos pero cuando uno está tocando el nerviosismo se va", explicó.

La pasión por la música es una herencia de su padre, uno de los cantantes más reconocidos de Cuba y de quien heredó el nombre.

Desde los siete años, compartió, ha estado expuesto a la música clásica y "la buena música cubana", como él llamó a los sonidos tradicionales de su pequeña nación.

Su interés por el jazz llegó cuando a los 17 años recibió un disco de este rimo de parte de un tío. Desde entonces, dijo, supo que esta era su destino musical.

"En el jazz lo más importante es ser libre. El sentarme en mi piano y reflejar todo lo que siento, mi estado de ánimo, llegar a los sentimientos, aunque sean malos o sean buenos. La improvisación es lo que más me gusta del jazz", aseguró.

No obstante, el estar aquí ahora no ha sido fácil ya que tuvo que dejar todo atrás por sus sueños profesionales.

Al ver que su carrera en su país no tendría un futuro prometedor por las restricciones del gobierno de Fidel Castro, Rodríguez decidió desertar de su país tras ofrecer un concierto en México y pedir asilo en este país.

"He dejado todo, todo, por la música, es lo que me ha traído hasta aquí", dijo refiriéndose a su familia en Cuba, con quienes tiene contacto por correo electrónico desde que reside en este país.