Cada vez que Ron Perlman aparece en una pantalla de cine o televisión, parece como si el actor hubiera sido sometido a varias horas de maquillaje para convertirlo en un ser de otro mundo.
Papeles en las dos entregas de Hellboy, las cintas europeas Quest for Fire (su debut frente a las cámaras en 1981), The Name of the Rose y The City of Lost Children, o en producciones fantásticas como Alien: Resurrection, Blade II o Star Trek: Nemesis lo han convertido en un referente indiscutible del género, en especial gracias a su apasionada colaboración con el cineasta mexicano Guillermo del Toro, con quien ha trabajado en cuatro ocasiones, entre ellas Cronos, el primer filme del director de El laberinto del fauno.
Hoy se estrena en cines Mutant Chronicles, cinta en la que el protagonista de la serie The Beauty and the Beast no necesita de demasiado maquillaje (eso sí, aparece con el pelo teñido de rubio).
En ella la Tierra vive una guerra nuclear causada por las cuatro corporaciones que luchan por hacerse con sus escasos recursos naturales. Un incidente bélico origina el nacimiento de una raza de mutantes cuya misión es el exterminio de la raza humana. Un grupo de soldados (entre los que se encuentra el Hermano Samuel, a quien da vida Perlman) se enfrentará con los monstruos.
Con respecto a esa abundancia de cine fantástico en su filmografía, el actor de 59 años, comenta que "no es un género que a mí me atraiga particularmente. Es más la gente representativa del género que se siente atraída por mí".
"Un proyecto lleva a otro y así es como recibo estas ofertas que llegan por sorpresa y son de [directores como] Guillermo del Toro, Jean-Pierre Jeunet o Jean-Jacques Annaud. Es como una bola de nieve".
En el caso de Mutant Chronicles, lo que le atrajo del proyecto fue el guión. "Me pareció un retrato inteligente de lo que podría haber sido una producción veraniega convencional y superficial de un estudio de Hollywood", afirma vía telefónica.
"El director [Simon Hunter] me mostró un corto de siete minutos donde resumía su perspectiva visual de lo que sería ese mundo [futuro] y me convenció de inmediato", prosigue. "Las apuestas del filme me parecieron muy interesantes, porque esta ambientado en unos cientos de años en el futuro, cuando la Tierra ya no está dividida en países, sino en corporaciones".
"Pero el estilo de confrontación bélica que se eligió fue similar al de la Primera Guerra Mundial, de baja tecnología, poco sofisticado. La idea detrás de eso es que cuanto más cambian las cosas, estas siguen siendo las mismas, especialmente en temas concernientes a la humanidad".
Para Perlman actuar en una producción de corte independiente como esta le parece "perfecto", porque es en estas ocasiones cuando "el director dispone de total libertad y nadie tratará de decirle qué hacer. Fue una experiencia ciertamente independiente, que es como a mí me gusta trabajar. Es la única forma de respetar la visión del realizador, sin que sus decisiones se vean influenciadas por un comité [de ejecutivos]".
Además, insiste en la ventaja de no contar con un gran presupuesto, porque eso, en su opinión, "no se traduce necesariamente en una buena película. En mi lista de películas favoritas no se encuentran demasiadas superproducciones... Pero eso depende del gusto de cada uno. Hay gente que cree que esas son las mejores películas. Yo no estoy de acuerdo. El dinero no define lo bueno que será un filme o cuán admirado será por la audiencia".
Ron Perlman —que decidió ser actor después de que su padre lo animara a serlo tras verlo en una producción escolar del musical Guys and Dolls— reconoce que "no hay cineasta que admire más que a Guillermo del Toro, con quien ha colaborado en Cronos, Blade II y Hellboy I y II.
"Recientemente me pidieron que hiciera una lista de mis películas favoritas, e incluí El laberinto del fauno", explica. "Y no lo hice porque lo conozco. Fue una decisión sincera. Ese filme es puro realismo mágico, del que el mismo Gabriel García Márquez se hubiera sentido orgulloso. Es imposible que una obra como esa existiera en otro medio que no fuera el cine. Fue cine puro, brillante en sus observaciones de lo que es el fascismo y la desobediencia".
"Guillermo es un genio", concluye. "Y lo adoro. Lo que no entiendo es por qué él me adora a mí... Pero aceptaré lo que me proponga todo el tiempo, porque me ha dado las mejores experiencias que he tenido como actor".