Las calles de Los Ángeles, los pobres que las pueblan, sus problemas con el alcohol, las drogas y las enfermedades mentales, las criticadas y criticables medidas políticas para ayudarlos y la relación entre un periodista y uno de esos vagabundos que resulta ser un músico afectado de esquizofrenia.
De todo esto habla The Soloist. Y es posible que algún otro tema haya quedado en la cuneta.
El eje del argumento, no obstante, es la historia real de Steve López, un periodista de Los Angeles Times que conoció en las calles de la ciudad a Nathaniel Ayers mientras este tocaba su violín en medio del tráfico, lo que despertó su curiosidad. ¿Quién es este prodigio musical? ¿Cómo es posible que sea un pordiosero y sus únicas posesiones las cargue con él día a día en su carro de supermercado? ¿Dónde está su familia?
El filme de Joe Wright (Atonement) responde de forma sucinta a todas estas cuestiones; pero intenta ir mucho más allá.
Sí es cierto que el retrato del Skid Row de LA (donde se congregan miles de pobres sin hogar) es dramático y hasta terrorífico; que la imagen que el largometraje deja del alcalde Antonio Villaraigosa no es del todo positiva (como es habitual en el político, cada vez que está en escena aparece rodeado de numerosas cámaras de fotógrafos y televisión...); que la explicación acerca del descenso a los infiernos de la esquizofrenia es efectiva y perturbante (en uno de los mejores momentos de la cinta, para demostrar la efectividad de la música en el cerebro de Ayers, Wright visualiza los ritmos como si se tratara de un episodio del clásico de Walt Disney, Fantasia); y que los actores protagonistas, Robert Downey Jr. en el papel del periodista y Jamie Foxx en el del músico, son simplemente extraordinarios.
Pero el guión de Susannah Grant (Erin Brokovich) navega por demasiadas aguas sin lograr llegar a ningún puerto concreto.
La relación entre López y Ayers, lo más destacado del conjunto, viene y va entre episodios dedicados al Skid Row, al diario californiano donde trabaja López y a la innecesaria introducción del personaje de su ex esposa y también su editora en jefe, encarnada por Catherine Keener (por cierto, el periodista está felizmente casado en la vida real).
Al final, lo que había empezado como una emotiva historia de amor y amistad termina siendo un pupurrí fallido de buenas intenciones.
Clasificada PG-13
Las calles de Los Ángeles, los pobres que las pueblan, sus problemas con el alcohol, las drogas y las enfermedades mentales, las criticadas y criticables medidas políticas para ayudarlos y la relación entre un periodista y uno de esos vagabundos que resulta ser un músico afectado de esquizofrenia.
De todo esto habla The Soloist. Y es posible que algún otro tema haya quedado en la cuneta.
El eje del argumento, no obstante, es la historia real de Steve López, un periodista de Los Angeles Times que conoció en las calles de la ciudad a Nathaniel Ayers mientras este tocaba su violín en medio del tráfico, lo que despertó su curiosidad. ¿Quién es este prodigio musical? ¿Cómo es posible que sea un pordiosero y sus únicas posesiones las cargue con él día a día en su carro de supermercado? ¿Dónde está su familia?
El filme de Joe Wright (Atonement) responde de forma sucinta a todas estas cuestiones; pero intenta ir mucho más allá.
Sí es cierto que el retrato del Skid Row de LA (donde se congregan miles de pobres sin hogar) es dramático y hasta terrorífico; que la imagen que el largometraje deja del alcalde Antonio Villaraigosa no es del todo positiva (como es habitual en el político, cada vez que está en escena aparece rodeado de numerosas cámaras de fotógrafos y televisión...); que la explicación acerca del descenso a los infiernos de la esquizofrenia es efectiva y perturbante (en uno de los mejores momentos de la cinta, para demostrar la efectividad de la música en el cerebro de Ayers, Wright visualiza los ritmos como si se tratara de un episodio del clásico de Walt Disney, Fantasia); y que los actores protagonistas, Robert Downey Jr. en el papel del periodista y Jamie Foxx en el del músico, son simplemente extraordinarios.