Nueva York — En 2007 cerraron en Nueva York las dos principales librerías dedicadas a la venta de libros en español, Macondo y Lectorum. Fueron ríos de tinta los que corrieron afirmando que desaparecía con ellas una parte fundamental de nuestra cultura y denunciaban la imposibilidad de acceder a las obras escritas en el idioma de Cervantes.
Sin embargo, todas aquellas crónicas obviaban que aún resiste en Manhattan, de forma heroica, una librería que dedica todos sus esfuerzos a promover la cultura dominicana, en particular, y la latina en general: la librería Calíope.
Cuenta la mitología griega que Calíope fue la musa de la elocuencia y de la poesía épica, coronada de forma majestuosa para sobresalir sobre el resto de musas. De este mismo modo destaca en nuestra ciudad la librería dirigida por César González, dominicano emprendedor, que tuvo la idea de un negocio editorial hace unos 35 años, pero que vio su materialización hace 12 años, con la apertura en Inwood, en la calle Dyckman, de un negocio promotor de escritores dominicanos y de toda la comunidad hispana. Un sueño por el que luchó pese a que el mundo editorial no es tan lucrativo como otros.
“Siempre me atrajo el mundo de los libros, estar inmerso en él, así de forma natural. Muchas personas llegamos a comerciantes sin tener el propósito de enriquecernos, así que los objetivos son diferentes”, confiesa César.
Este dominicano es consciente del papel fundamental que su labor desempeña dentro de la comunidad lectora de latinos. Por ello, Calíope desarrolla una profusa actividad cultural, que va desde sus semanales tertulias literarias, todos los jueves, a presentaciones de libros, obras de teatro, conferencias, conciertos, debates... y todas las actividades necesarias para satisfacer las necesidades de la comunidad latina.
Por esta misma razón, Calíope cede también sus salones e instalaciones para aquellos que lo necesiten.
La desaparición de Lectorum y Macondo supusieron una gran pérdida pero indirectamente favoreció a Calíope, al traspasar gran parte de aquellos lectores hasta el Alto Manhattan. Sin embargo, las dificultades que debe hacer frente no son pocas. Como cualquier otro negocio, debe pagar el alquiler de sus instalaciones —causa que provocó el cese de actividad de Macondo y Lectorum—, gastos varios y, sobre todo, afrontar la actual crisis económica.
“El 2008 ha sido un año de crisis, pero las librerías hace tiempo que están en crisis, y no sólo las librerías hispanas. Las librerías independientes de todo tipo han ido desapareciendo. En días pasados yo estuve pensando cuan factible era seguir, qué tiempo podríamos permanecer”, reconoce César González. Pero al mal tiempo buena cara: no cree que este periodo de dificultades vaya a ser diferente a otros, además, estos tiempos siempre son propicios a que algunos negocios sobresalgan, y César espera que el suyo sea uno de ellos. “La crisis no sólo afecta a las librerías hispanas. En la República Dominicana, por ejemplo, en lo que va de siglo, han cerrado más de 37 librerías. En Estados Unidos, las librerías independientes están cerrando. Hay que buscar la forma para continuar y yo espero que nosotros podamos hacerlo”.
Y no le faltan motivos para tener esperanza: Estados Unidos es el país no hispanohablante donde más libros en español se venden y el crecimiento de la población hispana se espera que se triplique antes del 2050, alcanzando los 140 millones, constituyendo el 30 por ciento de la población. Un verdadero potencial de lectores en español.
Calíope basa su negocio en una atención personalizada a su clientela, por ello permite solicitudes individuales de cualquier ejemplar. La librería nutre sus fondos con pedidos realizados directamente a la República Dominicana, intentando limitar y abaratar al máximo posible el costo. Su clientela dominicana supone cerca del 25 por ciento de sus ventas. Para el resto, suele trabajar con las editoriales y las distribuidoras, que resulta menos costoso.
Tal vez su mayor contrincante para continuar su labor como portador de la cultura dominicana y latina sea Internet. Debido a la falta de fondos económicos, Calíope aún no ha podido crear su página web, al contrario que las grandes cadenas de distribución, lo limita su capacidad de actuación. No obstante, entre los inminentes proyectos se encuentra su presencia en la web.
Otro peligro que se cierne sobre Calíope es el cada vez más sofisticado libro digital, que algunas grandes compañías están promocionando profusamente. Este artilugio, en palabras del fundador de Calíope, no podrá acabar, sin embargo, con aquel lector que necesita la hoja, el libro físico.
Por ahora, las palabras de Gabriel García Márquez, Isabel Allende, Mario Vargas Llosa o Pablo Neruda seguirán siendo las más demandadas en el número 170 de la calle Dyckman.