No ganaron el mundial pero cumplieron. Hicieron un papel digno, decoroso y sorprendente. Los uruguayos deberán sentirse orgullosos y satisfechos con lo mostrado por su selección nacional en la primera cita africana.

Las actuales generaciones ya no tendrán que conformarse con escuchar historias de legendarias figuras que hicieron eco en el ámbito futbolístico mundial. Ahora tendrán motivos para contar sus propias vivencias gracias a la tecnología actual.

Sin duda, habrá que mantener en un pedestal a quienes ganaron todo. Aquellos permanecerán en la inmortalidad. Sus logros y sus hazañas no tienen comparación. Pero habrá, también, que darle su espacio a aquellos que quieren emular y continuar los momentos de gloria de la famosa Celeste.

Para la actual juventud, los Forlán, Suárez, Pérez, Lugano, entre otros, quedarán grabados en sus memorias, por lo brindado más allá de lo esperado, propio del jugador Oriental, que se agranda ante las adversidades. Tras ganar un difícil repechaje frente a Costa Rica, Uruguay llegó de último al campeonato mundial y es uno de los últimos en despedirse de Sudáfrica.

Fue el último representante de nuestro continente en quedar con vida ante potencias como Holanda, Alemania y España.

Están entre los cuatro primeros del mundo. Por encima de los favoritos Brasil, Argentina, Italia, Francia e Inglaterra, que llegaron con los pergaminos de sus ligas pomposas y se fueron con más pena que gloria.

Hacía 40 años que Uruguay no figuraba como potencia mundialista pese a haber ganado los torneos de 1930 y 1950, cuando provocaron una tragedia nacional al derrotar 2-1 a Brasil en su famoso Maracaná, donde los canarinhos sólo necesitaban empatar para levantar la Copa, en ese entonces la Jules Rimet.