PARÍS (EFE).— Raymond Domenech no se siente consternado ni por la mala imagen que dejó Francia ni por el ridículo salvado en el último suspiro por un gol logrado por William Gallas tras la flagrante mano de Thierry Henry, ni por los silbidos que acompañan cada una de sus apariciones y ni por los gritos que le piden que haga las maletas.
El seleccionador francés respira porque logró clasificar a Francia para el Mundial, tras haberlo hecho antes para la Eurocopa de Austria y Suiza y para el Mundial de Alemania.
"Déjenme disfrutar", les dice a quienes le piden que analice el contexto, a quienes le recuerdan que sin el error arbitral ahora la historia podría haber sido otra, a quienes le ponen frente a los ojos el desastre de su juego, a quienes le piden que abandone el conformismo resultadista.
Mira para otro lado pese a que está en el centro del huracán, de un tsunami contenido por la clasificación de Francia para el próximo Mundial, un muro que, sin embargo, a duras penas oculta la crítica, el desasosiego de la afición.
"Más que orgullo los franceses sienten alivio", afirma la prensa local.
"Raymond Domenech logró clasificar a Francia, pero por lo que mostró ayer [el miércoles], ¿es el hombre adecuado para hacerla progresar en siete meses?", se pregunta el deportivo L’Équipe.




