SANTA CLARA, California.— Atlante mató dos pájaros muy gordos de un tiro: a las favoritas Chivas y a las arcas codiciosas de la SuperLiga. Se ha ido la Bella del torneo y sólo quedan las bestias. Las taquillas del torneo van a temblar sin el animador popular y populista de la competencia.
El saldo rojo de Chivas aumentó con la fractura en el brazo del portero Luis Michel; el primer estudio habla de una posible ausencia de seis semanas.
10,373 aficionados, 10,370 de ellos rojiblancos en el Buck Shaw de Santa Clara, vieron, cuando dejaron de juguetear en la tribuna, como el Atlante puso inteligencia, gracia y poca etiqueta en un triunfo merecido ante un Guadalajara que nunca encontró la coherencia deseada ante su poco orden y la aplicada defensa azulgrana.
Por el reglamento de competencia de la SuperLiga, a la semifinal van Dynamo de Houston y Atlante, a pesar de que éste tiene menos uno en su diferencia de goleo, y Chivas 3 a favor y 3 en contra, es decir cero.
Los goles atlantistas fueron obra de Giancarlo Maldonado (41’) y Gustavo Espinoza (88’).
TAQUICARDIA…El reglamento de competencia los amenazaba. Dynamo estaba dentro. El boleto restante seguía sin dueño y sólo podía poseerlo Atlante o Chivas.
El juego se vistió de intensidad, de dureza, de rudeza y con entradas despiadadas, ante la tolerancia bonachona de Hugo León Guajardo.
La primera víctima de la sesión de patadas fue el azulgrana Arturo Muñoz, castigado por una entrada alevosa de Xavier Báez y el ingreso obligado de Clemente Ovalle, pero ni aún así alteró su criterio prohijando la violencia el silbante mexicano.
Un tiro que obliga a la cabriola salvadora a Luis Michel y un balazo al poste izquierdo de Vilar eran las únicas consignaciones de alboroto para la tribuna, que hacía su propia fiesta con la rutina para el aburrimiento: la ola.
Pese a que al 40’, en contragolpe, Pereyra perdona al plantarse solo ante Michel, las Chivas siguen empecinadas en atacar, y enseguida son sacudidas con la bofetada de otro contraataque letal, con remate certero, de goleador insaciable, de Giancarlo Maldonado, para firmar el 1-0 a impecable pase de Christian Bermúdez, condenando el lance del portero rojiblanco.
En ese momento, Atlante y Houston eran semifinalistas. Y la SuperLiga se quedaba sin su Bella, rodeado de puras bestias.
ALTO RIESGO…Para el complemento, desesperado, expuesto a la eliminación Chivas elige velocidad y profundidad. Alberto Medina entra por Sergio Santana, y enseguida, al 52’, Efraín Flores abre a su equipo para abrir la cancha con el ingreso de Sergio Ávila en lugar de Édgar Mejía, en una apuesta a todo o nada.
El tiempo extorsiona a Chivas y se ve obligado a los 66’ al clímax de la ruleta rusa: saca a Héctor Reynoso del fondo y coloca al "Hulk" Salazar en el ataque para intentar que la superioridad al ataque le da la paridad en el marcador.
Chivas tiene la del empate. Al 71’. Cobro libre. Gonzalo Pineda lo reclama, pero Ramoncito se impone. Vilar se pega al poste izquierdo e invita a Ramón al poste derecho. Morales se come la trampa y tira al lado izquierdo de Vilar pensando que el argentino se lanzaría al vacío. El arquero atlantista aguanta y el bombón llega dócil a sus manos.
Inexplicablemente el "Profe" Cruz juega con 9 hasta el 80’ cuando mete a Luis Venegas por Rey, de poco aporte, pero aún así retiene a un Pereyra, aparentemente con sobrepeso o al menos con holgazanería, porque a los 85’ saca a un luchador "Hobbitt", en beneficio de Mariano Trujillo.
En medio de la inoperancia rojiblanca, Atlante sentencia 2-0 al 88’, en un cobro de esquina y el contrarremate de Gustavo Espinoza a un balón que había repelido el poste izquierdo de Michel.
León Guajardo concede cinco minutos de vida a Chivas, pero Atlante mantiene orden atrás y Chivas su desorden en la cancha.
Y por obra y gracia del Atlante, en el mismo ataúd reposan Chivas y el éxito financiero de la SuperLiga.













