Néstor de la Torre cree haber encontrado el eslabón perdido del futbol mexicano. Y apuesta por ello.
Claro, primero, en un futbol donde la decapitación es un carnaval constante, Néstor está expuesto a que su proyecto, como tantos otros, como muchos otros, se vaya a la fosa común, junto con su testuz, si el periplo mundialista no seduce, sea cual sea el de-senlace, a sus ya emboscados cazadores.
El presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales pretende partir de un fundamento que él mismo creó para —y crió en— Chivas, y que le da resultado al Rebaño, a pesar de los lobos que metió en sus filas por horrores del mismo Jorge Vergara, como fue contratar a Paco Ramírez y Raúl Arias, quien ahora sigue "chupando tranquilo" y golpeando aficionados.
Si bien el cerebro, el capital, el riesgo y la apuesta pertenecen a Jorge Vergara —a pesar de sus dislexias y dislates—, lo cierto es que el plano operativo fue de Néstor para ejecutar los deseos de su ex presidente, ex patrón, ex amigo y ex dictador.
Con el respaldo de Vergara —fundamental—, el organigrama, nominal y funcional, del proyecto de Chivas no hubiera funcionado de no haber sostenido ahí a Néstor, quien, necesario decirlo, se fue capacitando y se le fue capacitando para que transformara las ruinas de un club rupestre en una empresa con estructura plural.
Así, conociendo el método, Néstor pretende que el proyecto de las selecciones mexicanas sea uniforme.
Ha confirmado que todos los representativos mexicanos, comenzando por la Sub- 15, deberá apegarse a un patrón de juego, que en lo rústico de la estrategia, se fundamenta en un 5-2-1-2, idéntico, con todas sus variantes, a lo que es Chivas, aunque con algunas modificaciones y disfraces tramposos, y efectivos, que ha hecho José Luis Real, que parte de un presunto 4-3-3.
Es claro que la selección mayor que dirige Javier Aguirre no se apega a esta pretensión a futuro para el Tri, y queda claro que ni remotamente se harán modificaciones así de sustanciales pensando en el Mundial de Sudáfrica.
La propuesta, tentativamente aceptada para consolidarse incluso en la selección mayor, empezará a desarrollarse cabal, práctica, teórica y tangiblemente a partir de julio de 2010.
Ya los seleccionadores de los Tri juveniles han sido notificados y algunos incluso han empezado a reformatear a los equipos bajo estos principios de Néstor.
El presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales ha concluido en que esta forma y fórmula de juego es la más redituable para las virtudes básicas del futbolista mexicano, que son dosis respetables de técnica, velocidad, disciplina, entrega, iniciativa, creatividad y habilidad, que en lo particular no representa nada, pero en la suma de un poquito de todo, conforma equipos respetables y de competencia.
Es decir, partiendo de una base de trabajo que funciona en un equipo donde sólo militan mexicanos, debería, entonces, funcionar para una selección, donde, presuntamente, militan sólo mexicanos.
Porque además, ése es otro sello de la propuesta de Néstor y que nunca se hará oficial: en el futuro no habrá naturalizados en las selecciones mexicanas.
Donde se rompen los esquemas, es en la similitud disfrazada, entre la propuesta con miras al 2014, y las Chivas actuales.
Por ejemplo, hay un recurso de emergencia para suplir carencias en el equipo de Real, donde se había advertido hace ya semanas, sólo había un "extranjero" como Aarón Galindo y los diez restantes habían sido incubados en chivas.
Este Guadalajara, si se observa su media cancha, está carente de inspiración: Mejía, Araujo y Báez, están lejos de considerarse fastuosos genios con la pelota, pero son, sin embargo, prácticos marcadores, recuperadores, posicionadores y de salida segura.
Después, con la pelota en los pies, el oficio de creatividad, vértigo y contundencia está en lo que alcanzan a armar Alberto Medina, Omar Bravo y "Chicharito" Hernández, permitiendo, claro, el recorrido y avance eventual de los tres que se matan en la cancha para hurtarle el esférico al adversario.
Así pues, retomando el tema, las pretensiones de Néstor de la Torre son válidas, valederas, valerosas y valiosas.
¿Sería fácil conseguir que los jugadores de otros equipos se adentren en estas exigencias, especialmente cuando el futbolista mexicano es un analfabeta táctico, dicho esto con implacable lucidez entre sus impasses demenciales, por el técnico Ricardo La Volpe?
Será complicado, pero no imposible.
Y, sin duda, lo peor es no intentarlo, cuando, durante años, el balompié mexicano y su selección han reptado, sin una propuesta básica, sino con base en patadas de ahogado, en espasmos de sus estertores, producto de la desesperación.
¿Es aplicable a un trabajo de selecciones nacionales integrales lo que funciona en un equipo de futbol donde se trabaja, se insiste, se obsesiona al jugador, por lo menos cinco días a la semana?
Néstor debe haber medido los pros y los contras de lo que es —necesario decirlo—, sólo una parte, sin duda la fundamental, de lo que representa el nuevo proceso formativo en selecciones nacionales.
Igual, puede estar equivocado, pero más equivocado es seguir viviendo en la inercia de la improvisación consagrada tradicionalmente a un fracaso.
BLOG: blogs.impre.com/marcador