Néstor de la Torre cree haber encontrado el eslabón perdido del futbol mexicano. Y apuesta por ello.

Claro, primero, en un futbol donde la decapitación es un carnaval constante, Néstor está expuesto a que su proyecto, como tantos otros, como muchos otros, se vaya a la fosa común, junto con su testuz, si el periplo mundialista no seduce, sea cual sea el de-senlace, a sus ya emboscados cazadores.

El presidente de la Comisión de Selecciones Nacionales pretende partir de un fundamento que él mismo creó para —y crió en— Chivas, y que le da resultado al Rebaño, a pesar de los lobos que metió en sus filas por horrores del mismo Jorge Vergara, como fue contratar a Paco Ramírez y Raúl Arias, quien ahora sigue "chupando tranquilo" y golpeando aficionados.

Si bien el cerebro, el capital, el riesgo y la apuesta pertenecen a Jorge Vergara —a pesar de sus dislexias y dislates—, lo cierto es que el plano operativo fue de Néstor para ejecutar los deseos de su ex presidente, ex patrón, ex amigo y ex dictador.

Con el respaldo de Vergara —fundamental—, el organigrama, nominal y funcional, del proyecto de Chivas no hubiera funcionado de no haber sostenido ahí a Néstor, quien, necesario decirlo, se fue capacitando y se le fue capacitando para que transformara las ruinas de un club rupestre en una empresa con estructura plural.

Así, conociendo el método, Néstor pretende que el proyecto de las selecciones mexicanas sea uniforme.

Ha confirmado que todos los representativos mexicanos, comenzando por la Sub- 15, deberá apegarse a un patrón de juego, que en lo rústico de la estrategia, se fundamenta en un 5-2-1-2, idéntico, con todas sus variantes, a lo que es Chivas, aunque con algunas modificaciones y disfraces tramposos, y efectivos, que ha hecho José Luis Real, que parte de un presunto 4-3-3.