Más falso que un beso de suegra, promesa de la FIFA, que juramento de anabólico gobernador californiano o profecía de Hugo Sánchez. Así es cualquier balance precipitado de la primera jornada.
Es decir, ni el futbol mexicano es tan zarrapastroso como el Atlante y ese 4-0 ante Houston, ni tampoco tan dulcificante como el 2-1 de Pachuca sobre Chivas USA o el de Chivas sobre el D.C. United.
La primera jornada, acaso, lo más que revela, es lo impredecible en este torneo donde los estadounidenses quieren ratificar que si a nivel de selecciones Estados Unidos es el gigante de la Concacaf, a nivel de clubes... también.
La advertencia, sin embargo, es que los clubes mexicanos ya no pueden poner en cuarentena ni su actitud, ni su responsabilidad ni el fervor en las piernas para pelear cada pelota.
Los equipos de la MLS ya no se arredran ante la historia porque están decididos a escribir una nueva y propia.
Y recuerde a los últimos campeones del InterLiga: unas Águilas candiles de la Copa Libertadores y oscuridad total en el Apertura 2008.








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