De los 983 candidatos a dirigir al Tri, han quedado fuera 979… más o menos, dedos más, dedos menos de la mano.
Ni eran todos los que estaban, ni estaban todos los que eran.
Sólo sobreviven tres, que como en la odisea de los mosqueteros de Dumas, en realidad son cuatro.
El mejor, el bueno, el por si no hay más, y el ya ni modo.
La depuración ha sido más cuantitativa que cualitativa, es decir, la voz del dólar más que la voz de la inteligencia.
Son: Javier Aguirre, el deseado; Sven-Goran Eriksson, el deseable; José Pékerman, el deseoso, y Raúl Arias, tristemente, el indeseable.
Ya en serio, la baraja de tres ases y un comodín luce alentadora para sentarse a jugar black jack con tahúres turcos, ésos a los que les han cortado las manos por tramposos.
Los cuatro han mordido el anzuelo de cuatro millones de dólares limpios.
Hay más: 500 mil extra si México clasifica como primero de la Concacaf, es decir, caminando, más 500 mil si avanza a la segunda fase del Mundial, un millón si llega a cuartos y 1.5 millones si se mete a la final, que ya en esta instancia le podrían ofrecer el Castillo de Chapultepec y Los Pinos, con todo y las toallas estrambóticas de Vicente Fox. Total, los sueños están hechos de la misma sustancia del mexicano —en temas de futbol—: de ilusiones.
La decisión. El lunes.
¿Por qué el lunes?
Porque ese día Javier Aguirre, quien en este momento juega al Juan Charrasqueado con las damiselas locuelas del Atlético de Madrid, debe dar su respuesta final.
Porque el lunes, Sven-Goran Eriksson sabrá su futuro: renuncia sin liquidación, acepta que lo despidan con 3.5 millones de euros (casi cinco millones de dólares) de finiquito o, en el peor de los casos, pobrecito, deberá haraganear durante dos años con una pensión de siete millones de euros (son muchos dólares, saque usted la cuenta), pero sin derecho a trabajar para nadie más.
No se sabe si el paquete de Eriksson incluya alguna baraja selecta de féminas de las televisoras, porque siguen frescos sus constantes affairs con las eventuales secretarias de los equipos y selecciones que ha dirigido. Y a los 60 años, afirma, su testosterona es más briosa que la de un colombiano consumidor de las hormigas afrodisiacas de Bucaramanga, como para coquetear con algunas contemporáneas suyas (de él, no de usted) como Tongolele, La Tigresa o Carmen Salinas.
Como sea, el primero de Aguirre y el Romeo sueco que diga sí, es el bueno.
Si no, con José Néstor Pékerman ya está todo hablado, excepto que insiste en que la figura de Ricardo La Volpe, como asesor, merodee por los rincones del Tri, lo cual significaría que "Chucho" Ramírez quedaría fuera del proyecto.
Raúl Arias es el candidato de un grupo televisivo fácil de identificar, pero en descrédito. Arias, en lo suyo, ha corroborado capacidad, pero los puristas, amantes del compromiso con el futbol estético y esbelto (incluyámonos), se la desacreditan —injustamente— por su vocación defensiva, pero efectiva, y México, queda claro, ya necesita resultados de oro y no actuaciones de oropel —bajo el credo del masiosare mexicano: "Jugamos como nunca y perdimos como siempre".
Por lo pronto, si no hay cambios, el domingo, Justino Compeán deberá abordar, con destino a Londres y/o Madrid, el omnijet lunamielero de Jorge Vergara, quien cuando usted lea esto, si lo lee y si no también, él ya estará en el tálamo con su ex asistente y hoy patrona marital, Angélica Fuentes Téllez.
El viaje de Compeán será para ponerle nombre al cheque de anticipo prometido por un millón de dólares —como enganche para dos años de sufrimiento garantizado y sin derecho a reclamo ni devolución—, al elegido de los dioses analfabetos del futbol mexicano.
Compeán ha asegurado que sobre su escritorio no sólo hay dossiers de entrenadores que interesan a la FMF.
También hay un flujo de propuestas de promotores que representan a técnicos de varios países del mundo interesados en dirigir al Tri.
Tiene la FMF más solicitudes de empleo que los clasificados de La Opinión cualquier lunes en la cuesta de enero.
Los motivos son lógicos. Y eso seduce a Aguirre, a Eriksson… y a cualquiera.
1.— La participación en una Copa del Mundo es más que factible en la tierra de ciegos, donde México suele ser eventual rey tuerto, cuando Estados Unidos se lo permite.
2.— La paga es competitiva. Cuatro millones de dólares como mínimo, como base en la mesa para empezar a negociar, puede inquietar, incitar y seducir a muchos.
3.— Ante la dimensión histórica de fracasos acumulados, cualquiera que se juegue el riesgo tiene mucho que ganar y poco que perder.
4.— Si no hay hazaña, finalmente nadie la esperaba. Más que una posibilidad, en la idiosincrasia del mexicano, se ve como un riesgo.
Ha sido un proceso difícil porque ansiosos y ambiciosos romeos salieron a cantarle serenata a este vejestorio de selección mexicana que se somete cada cuatro años a fallidas labores de laminado y pintura.
En el camino se fueron quedando Luiz Felipe Scolari, quien quería las perlas de la Virgen y a la Virgen también. "Pidió mucho, muchísimo", reconoce Compeán, además de que finalmente Marcelo Lippi, Frank Rijkaard y Guus Hiddink, ni siquiera aceptaron entrar en términos de logística futbolística.
Así pues, a esperar, ya sólo quedan, de los 983 posibles, cuatro, que en realidad son tres… y el lunes puede salir humo blanco de la destartalada hornilla de la FMF.
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