Oscar De La Hoya colgó los guantes y puso fin a una carrera profesional en la que se ciñó 10 campeonatos mundiales en seis divisiones y se convirtió en uno de los boxeadores más carismáticos del deporte.
El descendiente de mexicanos, por muchos años la figura más popular del pugilismo, anunció su decisión en una rueda de prensa el 14 de abril frente al Staples Center, en Los Ángeles, donde hay una estatua suya.
Colgó los guantes cuatro meses después de recibir una paliza a manos de Manny Pacquiao, su cuarta derrota en sus siete últimos combates. Con 36 años, el oriundo de Los Ángeles abandona el cuadrilátero con marca de 39-6 y 30 nocauts.
De la Hoya no le ganaba a un rival de cuidado desde que en 2002 superó a Fernando Vargas, y el 14 de abril le dijo a sus seguidores que decidió ponerle fin a su carrera porque no es justo para él y sus fanáticos seguir peleando si no puede competir al máximo nivel.
La edad empezó a pasarle factura con derrotas en años recientes ante Félix Trinidad, Shane Mosley, Bernard Hopkins y Floyd Mayweather Jr.
"Llegué a la conclusión de que ya basta", declaró De La Hoya ante centenares de aficionados, entre ellos el laureado actor Mickey Rourke y el comediante George López. "No subo más a un ring".
De La Hoya continuará ligado al boxeo como promotor con su compañía Golden Boy Promotions.
Conquistó su último título en mayo de 2006, cuando noqueó a Ricardo Mayorga por el cinturón welter del Consejo Mundial de Boxeo.
"Esto ha sido el amor de mi vida, el boxeo es mi pasión, nací para boxear", afirmó De La Hoya. "Cuando ya no puedo hacerlo más, cuando no puedo competir al máximo nivel, pues ya no es justo. No es justo para mí, ni justo para los aficionados. No es justo para nadie".








