Esta foto de archivo capta el momento en que Muhammad Ali (i) noqueaba a George Foreman (en la lona), el 30 de octubre de 1974 en Kinshasa (Zaire), y recuperaba el título mundial de los pesos pesados.
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Madrid/EFE — En la noche del 30 de octubre de 1974, “el más grande” regresó.

Ocurrió hace 35 años en un cuadrilátero instalado en el estadio ‘20 de Mayo’ (hoy conocido como ‘Tata Raphaël’) de Kinshasa, la capital del entonces llamado Zaire, que en 1997 cambió de nombre a República Democrática del Congo tras el derrocamiento del dictador Mobutu Sese Seko.

En las esquinas, Muhammad Ali y George Foreman. Pelea por el título, combate del siglo, peso pesado de 32 años contra peso pesado de 25, un choque de trenes en perspectiva. Una estrella en descenso que quiere demostrar que todavía brilla y un astro en ascenso que aspira a ocupar el trono del más grande.

Allí están los dos boxeadores más famosos del mundo, en la tierra africana de sus antepasados, listos para pegarse ante una audiencia planetaria a cambio de cinco millones de dólares por cabeza, ofrecidos por el promotor Don King, todavía poco conocido.

King no tenía el dinero para organizar la pelea. Mobutu aceptó montarla, ya que le aseguraba publicidad a su régimen en todo el mundo.

Foreman defiende el título, es el favorito en las apuestas y está convencido de que lo retendrá. Ali es el ídolo de los congoleños, ya que no lo ven sólo como boxeador, sino como un líder en la lucha por los derechos de los negros. A Foreman, por el contrario, lo juzgan como el negro que se ha acomodado al sistema blanco.

Ali se había proclamado campeón del mundo por primera vez en 1966, título del que fue desposeído por negarse a enrolarse para luchar en la guerra de Vietnam. Regresó a los cuadriláteros en 1970. Cuatro años después, ahí está en Kinshasa, reiterando que es el mejor y prometiendo “guerra, guerra, guerra”.