Ya no es algo personal entre dos tipos educados para dirimir conflictos a puñetazos.
Ya no es tan simple como Óscar de la Hoya contra Manny Pacquiao.
Ya no es un combate entre dos multimillonarios que descienden de la opulencia a la forma más primitiva de pelear por el pan de cada día o por el millón de cada día.
Es más que eso. Son más que eso.
O al menos tratan de convertirlo en algo más que eso.
Es ya entre dos naciones.
Entre filipinos y mexicanos.
La cita ha sido confirmada: 6 de diciembre en el MGM de Las Vegas.
Los primeros, los filipinos, son la corte de 90 millones de habitantes en más de siete mil islas del archipiélago que veneran a Manny Pacquiao como su gladiador, su campeón, un paladín que entre sus víctimas colecciona las zaleas de notables peleadores mexicanos.
Los segundos adoptan y se adaptan a su última esperanza.
Lo han visto como mexicoamericano desde siempre.
Hoy es carne de su carne de bronce, y sangre de su sangre indígena, porque es el vengador en ciernes, el último combatiente con vestigios autóctonos, el único que puede lavar una afrenta que, de tan reiterada, se convierte en burla hecha por el filipino a los boxeadores mexicanos.
ARENA DEL MUNDOBob Arum, administrador festivo del impetuoso y letal gallo asiático, asegura: "Hay ocho millones de filipinos en Estados Unidos que nunca se rinden, que nunca se vencen", y ellos estarán hambrientos de una nueva sentencia sobre la estirpe boxística mexicana.
Óscar de la Hoya califica este combate con "Pacman" como "una pelea más grande que el boxeo mismo".
Richard Schaeffer, el gurú empresarial de Golden Boy Promotions, asegura que es el duelo de ensueño, y agranda las proporciones del combate: "Involucrará a todos los filipinos, a todos los mexicanos, pero también a todos los que en el mundo deseaban este combate".
Lo secunda Arum: "Asia, África, América, Europa, todos estarán ansiosos por ver esta pelea".
Manny Pacquiao, desde la humildad del invencible, del intocable para los nudillos de mexicanos, simplemente dice que se siente "bendecido por poder enfrentar a De la Hoya", al que promete humillar "porque soy más joven, rápido y fuerte", y aunque trata de levantarle el ánimo a su contrincante del 6 de diciembre en el MGM de Las Vegas, sólo encuentra alabanzas simples como "su experiencia y su pegada".
Pacquiao no promete noquearlo, pero tampoco se ve recorriendo toda la distancia para ganar, expresándose en su mejor inglés, desde su hogar, donde el reloj, en ese momento, empezaba su viaje de 60 minutos entre las 2:00 y 3:00 de la mañana.
Y es punzante: "Tengo sueño y estoy aburrido".
EXIGENCIA COMPARTIDAUna pelea que parecía imposible a veces, improbable en otras, pero que se concertó en la plataforma de las 147 libras, un peso welter que exige a Pacquiao ascender dos categorías y le demanda a Óscar de la Hoya rescatar juventud de su pasado, pues desde hace siete años su báscula no ha hecho una parada, ni de emergencia, en semejante peso.
El dinero, ése que llena de urticaria y de deseo a los cuatro protagonistas de la teleconferencia de prensa de ayer, los pone en guardia al ser interrogados sobre el tema.
Aunque la recaudación global deberá superar los 100 millones de dólares, prefieren no aclarar si el acuerdo matrimonial de bienes compartidos entre Óscar y Manny es de 65 por ciento para el "Golden Boy" y del 35 por ciento para el "Pacman".
Han hecho un pacto de silencio cómplice sobre ese tema.
Coinciden Schaefer y Arum: "No comment [sin comentarios]".
NADA DE RETIRO…Por otra parte, Óscar de la Hoya no habla de retiro.
Es un tema vedado y vetado.
"Sólo estoy concentrado en entrenar, pelear y ganar a Pacquiao. Ésta será la pelea más grande en la historia del boxeo y quiero ganarla", asegura.
Se confiesa viejo, pero no acabado; acepta que es más lento que su rival, pero promete alcanzar el 6 de diciembre la misma velocidad que Pacquiao tenga esa noche, yendo dos pesos arriba.
Habla de dominar el combate y al combatiente filipino por dos orgullos escoriados: "Porque piensan que no puedo ganarle, sino que él me va a noquear", y porque "me lastima que le haya ganado a las grandes leyendas del boxeo de México y quiero vengar eso", comenta el nativo del Este de Los Ángeles.
Además, le punza el orgullo que Freddie Roach, su ex entrenador, lo descalifique para vencer al filipino, incluso lo considere incapaz de poder conectarle un golpe respetable.
"Vamos a ver eso el 6 de diciembre. Freddie conoce mi estilo, tiene una ventaja, pero estaremos listos para cambiar algunas cosas", responde De la Hoya.
APUESTAS 8 A 5…Dos voces cierran la teleconferencia: "Han abierto las apuestas en Las Vegas y marcan 8-5 a favor de Óscar de la Hoya", anuncia Richard Schaefer.
Bob Arum, aguanta y responde: "Entonces el que apueste por el filipino será millonario".
Se pone fin al primer round, el de la verborrea.
"Vete a dormir, Manny, vete a descansar", recomienda Arum a su pupilo, el ídolo de 90 millones de filipinos distribuidos en 7,107 islas del archipiélago, y el despreciado ícono de la desgracia para 150 millones de mexicanos que depositan en De la Hoya la bendición del caudillo que libere al boxeo azteca de la opresora esclavitud, con el testimonial histórico de HBO y su pago por evento.







