Lamar Odom se eleva para encestar ante la marcación de Craig Smith y Chris Kaman, de los Clippers, anoche en el partido jugado en el Staples Center. (FOTO: [AP])
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Con la estirpe del que sabe que es el mejor, que puede patentar que es el mejor, pero que no siempre quiere ser el mejor, aunque deba serlo, los Lakers de Los Ángeles terminaron en agonía la noche de su aparición como campeones vigentes de la NBA ante un abarrotado Staples Center.

Al jugarse los primeros minutos del último cuarto, y al cierre de esta edición, el quinteto oro-púrpura sometían a los Clippers con pizarra de 83-94.

En una noche en que Kobe Bryant se dedicó a deslumbrar, Ron Artest a garantizar, con el aporte generoso pero inconsistente de Lamr Odom y Andrew Bynum, con evidente peso por la ausencia del español Pau Gasol, el equipo de Phil Jackson pasó de un excepcional primer cuarto (con pizarra de 32-22) a un segundo parcial de equilibrio (27-27) a un humillante tercer período (17-26).

Al cierre, Kobe con 28 puntos y Bynum con 23, capitaneaban a los oro-púrpura ante sus vecinos incómodos, cuyos mejores hombres eran Chris Kaman y Eric Gordon, con 16 unidades cada uno.

ANILLOS DE GLORIA…

Antes de la batalla se vivió la condecoración de anteriores y fragorosas batallas.

La gloria vive en estado de gracia. Es lo único que sobrevive en el santuario universal de la inmortalidad.

La gloria. Se refrenda. Se archiva. Se eterniza. Se olvida. Y renace porque vive en soliloquio con la restauración fidedigna de la memoria.

Y anoche el Staples Center se llenó del árbol genealógico de la gloria, de la inmortalidad misma, al desfilar los 15 años de dominio de Lakers en la NBA.

El epicentro de la jornada victoriosa en la temporada 2008-2009, el ecuador del Staples Center, se fue poblando de quienes han dejado sangre y sudor y lágrimas, en las páginas labradas de linaje de los oro-púrpura.