De buen humor, el astro del Real Madrid, Cristiano Ronaldo, atiende a los medios en una rueda de prensa en UCLA. GERMÁN ALEGRÍA/GALAXY DE LA
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El divo quedó atrás. O al menos por ahora Cristiano Ronaldo lo guarda en los cajones de sus recientes amarguras del Mundial de Sudáfrica 2010.

Sí, desde atrás del fiasco y la decepción que dejó su pobre actuación, emerge el futbolista que goza. El ser humano que sufre.

Luce distendido. Sin risas coquetas a la cámara. Sin gel. El deportista de carne y hueso.

Habla sin tapujos. Frontal. Se tapa los raspones del alma con la manta invisible del optimismo.

Así, al margen de sus poses y sus prisas, CR9 atiende a los periodistas en dependencias de la UCLA, donde el Real Madrid, de paso por Los Ángeles, prepara la pretemporada de un campaña en la que, de cerca y lejos, lo único es ganar.

"Para mí lo que pasó en el Mundial ya quedó atrás. Ahora estoy enfocado en el Real Madrid", dice Cristiano, como para trazarle un cerco a los temas puestos en la agenda.

"Estamos felices de estar aquí, ya conocía este lugar y me parece excelente para entrar en forma y enfrentar la temporada lo mejor posible", lo dice un hombre que acaso para ponerle un paliativo a lo malo de estas semanas se presentó antes de tiempo a entrenar cortándole tiempo a sus vacaciones.

De hecho es, junto a Pepe, los únicos que estuvieron en el Mundial y que ya están a las órdenes de José Mourinho.

Un nuevo entrenador en el cuadro blanco. Un triunfador que trae una promesa de todo y para quien sólo sirve ganar.

Un hombre que exige con desmesura de la misma manera que retorna réditos como si tuviera que disimular que sus proyectos son cosa de millonarios y de millones.