ENTREVISTA
José Luis Sánchez Solá cree en lo que no ve y desconfía de lo que ve.
Es todo lo que un técnico de futbol se niega a reconocer que es.
No cree en los partidos que se ganan antes en los pizarrones o en las extenuantes jornadas de estrategia.
"El futbol es eso, pero también más que eso", aclara.
Pero sí cree en la pasión, en el compromiso del atleta, en la palabra de honor, en los hombres hambrientos de revancha, en la devoción por ganar las batallas que otros ven perdidas.
"Aquí todos están porque quieren estar, porque están comprometidos, convencidos, a gusto, aquí no hay aburguesados", aclara "Chelís".
Es un hombre que protagoniza los juegos invisibles previos a los partidos, y que entrega el protagonismo total a los que saltan a la cancha.
Por eso el técnico de La Franja no sólo ha rescatado en aguas infestadas de tiburones al Puebla, sino que ahora lo tiene en el vestíbulo de la Liguilla del Clausura 2009.
Lo ha rescatado de arbitrajes dudosos, casi dolosos, y lo ha rescatado de los Judas en su propio hogar, directivos que ejercen el canibalismo despiadado, tratando de destruirse entre ellos, sin importarles si se llevan al Puebla entre las perversiones de sus vanidades heridas.
Y "Chelís" –"pa’ los cuates"— añade su carisma para ser el hombre más amado en Puebla, entre una afición que alguna vez quiso crucificarlo a él y a sus mártires de la cancha, y enfrentó a la turba al decirle: "Por ser como es esta afición, ojalá descendiera el Puebla, no merece este equipo".
Pero las espinas han dejado paso a las rosas. "Chelís" aparece plasmado en las camisetas que se venden afuera del Estadio Cuauhtémoc, al que todos los aficionados acuden "Chelices y contentos".
El DT mantiene el arete en su lóbulo izquierdo, presume su elegancia porque "nunca he repetido un traje" en un juego, y regala a sus futbolistas, de su propia bolsa, playeras "Chemisse Lacoste" y televisores de alta definición.
Y luego de tempestades de renuncias, de despidos, de regresos, de reencuentros, ha salvado al Puebla en medio de las ruinas que dejaron Mario Carrillo y su consejera espiritual "Mamá Toña".
Con desechos tóxicos, con reciclados de basureros de otros equipos, "Chelís" tiene un grupo ganador, protagonista y espectacular.
Duilio Davino había sido exiliado de la MLS, y Daniel Osorno rondaba el asilo de los futbolistas. Felipe Ayala era historia inconclusa, al igual que Álvaro Ortiz, Sergio Pérez, Jorge Villalpando, Óscar Dautt, Walter Vílchez, Fabián Peña y muchos más.
Hoy, todos han rescatado, han recuperado el respeto propio, el más importante, y el ajeno, el más gratificante. Hoy son héroes de su propia historia y de la del Puebla.
"Chelís" cuenta su secreto.
"Eso de llamarlos desecho tóxico me parece muy poético, mucho adorno, son jugadores, futbolistas, hombres ansiosos de gloria y por eso luchan por el Puebla, porque es un grupo muy honesto", comenta.
"Este equipo tiene identidad, es decir, querer lo que haces, tener aprecio por lo que haces, identificarte con lo que haces. No son máquinas, el futbol es artístico, entonces en Puebla nadie está por estar, cada uno tiene motivos para estar ahí y jugar cada partido como una final".
Para ti lo táctico es importante, pero no lo más relevante. Entonces es más importante saber por qué jugar, por quién jugar y para qué jugar…
"Te voy a llevar al vestidor. Así es, como lo dices, exactamente. Y después todos son jugadores de Primera División, pero que lo tengan bien fijo en la cabeza. Lo estratégico no debe ser nada del otro mundo. En Puebla jugamos sencillo, basados en un orden dentro de la cancha. Cada llegada a gol es porque puede ser sencillita y así jugamos".
"Por ejemplo, nosotros no podemos dejar pelotas divididas en la cancha, tenemos que ganar todas las pelotas divididas y la suma de todas esas pelotas divididas, más el futbol, nos pueden dar la victoria".
"Al día siguiente de cada partido soy el 90 por ciento del equipo, pero el día del juego soy sólo un gritón más en la cancha, todo está en manos y es mérito de los jugadores".
"En Puebla somos profesionales, no por lo que nos pagan, sino porque amamos lo que hacemos. Todos, todos, queremos estar acá. Yo estaba en Acapulco, gozaba viviendo bien en Acapulco, pero yo quería estar en el Puebla, y los jugadores querían estar acá. Davino vivía bien en Dallas y Osorno tenía su banda ‘Mapache’ [‘Pura Caña’], pero al final todos quisimos estar acá".
¿Y si te dieran 18 millones de dólares para reforzar al Puebla, como lo hizo el América?
"Me quedo con 17 millones y me gastó uno".