El legendario goleador merengue Raúl González reacciona así tras decretarse ayer la eliminación merengue de la Copa del Rey en el mismísimo Bernabéu. (FOTO: [EFE])
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MADRID (EFE).— El Alcorcón, el modesto conjunto de Segunda División B, con un presupuesto 400 veces inferior al del Real Madrid, culminó ayer la hazaña que inició hace dos semanas, al dejar fuera de la Copa del Rey a los todopoderosos galácticos, a los que de nada les sirvió una pírrica victoria de 1-0 lograda cuando ya no había tiempo para nada.

Ni la presencia de cuatro delanteros en el cuadro inicial, ni el tan recurrido espíritu de Juanito, el equipo de Manuel Pellegrini naufragó en su intento de remontar el 4-0 que encajó en la ida ante un Alcorcón que pasó menos problemas de los previstos ante un abarrotado Santiago Bernabéu.

De hecho, el único tanto del Real Madrid no llegó hasta el minuto 81, obra del holandés Rafael Van der Vaart, un gol que no evitó el enfado de la afición madridista, que pidió la dimisión del técnico chileno Manuel Pellegrini.

El espíritu histórico de las remontadas en el Santiago Bernabéu se rebajó a su máxima esencia. La magia de aquellas noches europeas la quiso trasladar el Real a un partido ante un Segunda B ante el que necesitaba remontar cuatro goles, tras protagonizar en la ida uno de los encuentros más vergonzosos de su historia.

Pellegrini se encomendó a Kaká, que lo juega todo y pide un respiro, pero se olvidó de colocar a su alrededor jugadores que diesen dosis de fe a un encuentro heroico. No acertó con su planteamiento. Erró con el once titular.

Pero nada quita méritos a la exhibición del Alcorcón. El futbol actual demuestra que ningún partido es fácil de ganar.

La evolución física y técnica en cualquier división, más los conceptos futbolísticos de Juan Antonio Anquela, mostraron a un equipo ordenado y alejado del miedo escénico que da pasar de jugar ante sólo tres mil espectadores, a hacerlo ante 79,500.