No hace promesas para Sudáfrica 2010. Y aclara: "No por falta de compromiso".
Quiere esperar al sorteo del 4 de diciembre. Quiere que el proyecto de trabajo hacia el 2010 esté plenamente definido y aprobado.
Pero Javier Aguirre Onaindia "Valverde Landeta Boyado Artegarrechanea y Landetarzúa para servir a usted", da pistas, en el Simposio Honda organizado por Futbol de Primera ayer en Los Ángeles.
Elogia al grupo de seleccionados por "valientes, audaces y comprometidos", lo considera "si hay alguno, a éste [que clasifica al Mundial], decidido, capacitado y fuerte" de trabajo, pero advierte a sus propios espartanos, sobrevivientes de las Termópilas de la Concacaf, que para ellos y para todos "comenzamos desde cero", aunque consigna un nombramiento de "héroe" –incidental y accidental— a Miguel Sabah, por su gol a Estados Unidos.
Y si promete, acaso, es un grupo similar en espíritu, preparado para la Copa del Mundo para intentar superar "el sitio 11 que conseguimos en 2002", el mejor para el Tri, jugado fuera de México.
Dos horas y media al estilo del "Vasco", en una charla en la que defiende la concentración de los 60 días antes del Mundial y especifica que "no estarán enclaustrados. Como religiosos en un búnker", recordando que un lapso similar, en el acumulado, los tuvo a su disposición Ricardo La Volpe, hasta incluso los 110 días de convivencia que consiguió Manuel Lapuente, "según me dijo Mario [Carrillo]", aunque "lo ideal sería tenerlos un año como lo hizo Bora [Milutinovic, para México 86]"
Confirma que habrá una etapa previa en las instalaciones de Adidas, en Alemania, para de ahí volar a Sudáfrica directamente, y presentar al mejor seleccionado posible, pero anticipa que aun así "no hay garantía de nada, en el futbol no hay palabra de honor respecto a lo que puede pasar en la cancha".
Aguirre descarta que el Tri se sume como el viajero 19 al Clausura 2009, asegura que hay otros planes de preparación más específicos, como juegos en Estados Unidos, en México el de despedida el 16 de mayo, y otros más en Europa.
"Imagínense: jugamos con Morelia y le pido ocho jugadores del Morelia y jugamos contra lo que quede del Morelia. Y lo mismo con Pumas. Se presta a muchas situaciones", asevera el "Vasco".
Enfático en la eficiencia solidaria de sus auxiliares (Carrillo, Manuel Vidrio y Alberto Aguilar), Aguirre afirma que el Mundial ya lo juega México y habla de visorías permanentes en el futbol mexicano y en el extranjero, no sólo con los 12 que convocó eventualmente en la eliminatoria, sino también en otros escenarios de Europa, Estados Unidos y Sudamérica.
"En esto no hay descanso", advierte. Confiesa ser diferente tras siete años en España, con sus pasajes por el Osasuna y el Atlético de Madrid, donde aprendió a ser más ordenado, más organizado, y sólo reconoce haber perdido esa habilidad de "piel a piel con el jugador".
Reiteradamente, Aguirre vierte elogios y endosa méritos a sus seleccionados por la conquista del boleto, cuando el Tri naufragaba, y asegura que en su mandato no hay ninguna indisciplina en el grupo.
Habla del rescate de la selección y destaca el trabajo pausado para sanar a un grupo lastimado por los resultados y las críticas.
"Había jugadores que no se atrevían a mirarte a los ojos, que se escondían, que mostraban miedo, que estaban a la defensiva", explica.
Aguirre logró exiliar rencores, ultrajes, divisionismo entre la familia futbolística de México, y los unió en un sentimiento de reto, de conquista, y de que entendieran los futbolistas "que el enemigo no estaba dentro, sino afuera, vestido de Estados Unidos, de Honduras, de cada rival", comenta.
"Había demasiado rencor, demasiado temor. Demasiados frentes abiertos", asegura el "Vasco".
Aguirre va desmenuzando detalles personales de los jugadores que terminaron la vestimenta raída, pero condecorada, tras conquistar el boleto mundialista a Sudáfrica.
De un Cuauhtémoc Blanco cuya única duda que tenía era su rodilla, pero él me dijo que estaba bien"; o un Efraín Juárez al que "conocía desde los 12 años", hasta un Andrés Guardado o un Giovani dos Santos, a quienes, por necesidades tácticas, retocó de atacantes a eficientes recuperadores, incluso colocados como medios de contención.
Sobre Sabah, reitera: "Si hay un héroe en esta eliminatoria es Miguel Sabah, y él lo sabe. Su gol a Estados Unidos [en el Estadio Azteca] fue importantísimo. Haber perdido ese día habría sido terrorífico, tal vez no estaríamos aquí hablando de todo esto", comenta.
Dedica especial atención al parteaguas en la Copa de Oro y en su gestión, aquella penosa patada contra Ricardo Phillips, el jugador de Panamá, reitera su arrepentimiento y confiesa que fue un espasmo de impotencia, "porque México hacía futbol y ellos jugaban a su estilo, nos estaban sacando el partido a su estilo, y reaccioné así y de eso me arrepiento muchísimo".
Asegura, incluso, que ése fue un impulso, mientras que el discurso de "si quieren guerra, tendrán guerra", previo al duelo con El Salvador, estaba previsto, calculado y dirigido al interior del Tricolor, pero sin pretensiones ofensivas contra los rivales.
Hace un recuento de sus errores, recapacita de sus equivocaciones ante EEUU en Jenjou, Corea del Sur en 2002, advierte que no volverá a improvisar tácticamente como ese día lo hizo, y aunque reitera su fe en el respaldo directivo, y aún más en un grupo de jugadores que le ha seducido por sus virtudes solidarios de compromiso hacia la camiseta, rechaza un pronóstico mundialista.
Incluso, en el desliz de la charla, aunque antes había aclarado no querer verse tergiversado, adelanta prácticamente su alineación mundialista: Ochoa, Juárez, Osorio, Márquez, Salcido, Giovani, Torrado, Castro, Guardado, Cuauhtémoc y Franco.
En retrospectiva, habla del "efecto pendular" del Tri, de ser gloria en la victoria y escoria en la derrota. Ejemplifica con su debut ante El Salvador, cuando la derrota en el Cuscatlán arruina el presupuesto. "Pensé que los siete años en Europa se habían ido a la basura. Volvía a ser terrenal", indica.