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Es casi universalmente aceptado el hecho de que el Chrysler 300C es el auto más trascendental producido por Detroit en décadas. Gracias a este sedán, el tradicional carro grande americano volvió a ser apetecible y hasta codiciable. En lugar de las arcaicas y aburridas barcazas de tracción delantera para una clientela geriátrica, Chrysler sorprendió con un sedán elegante, de tracción trasera y mucha potencia, cortesía del emblemático motor HEMI V8 de 5.7 litros y 340 caballos de fuerza (también hay un V6 de 3.5 litros). Como si fuera poco, le aplicó un diseño tan elegante que el 300C fue instantáneamente descrito como “un Bentley americano”.
No satisfecha con un carro tan completo, Chrysler le entregó el 300C a SRT o Street Racing Technologies, que es la división de la automotriz dedicada a hacer versiones de alto rendimiento de varios de los modelos de sus tres divisiones Chrysler, Dodge y Jeep. Pues el 300C cayó en las manos maquiavélicas de los ingenieros de SRT y éstos cambiaron el HEMI regular por el monstruoso HEMI de 6.1 litros y 425 caballos de fuerza. Gente, ese último numerito en particular es una cifra muy seria. Cuatrocientos veinticinco caballos componen una potencia mayor que la que tuvo el primer Viper, y tan sólo son cinco caballitos menos que el Chevrolet Corvette actual (excluyendo por supuesto al espléndido Z06 y al todopoderoso ZR1). También es un caballaje superior al de cualquier Porsche 911 excepto el Turbo y el GT2. Es más, es una potencia similar y hasta superior al que tuvieron muchos Ferrari de hace apenas diez o doce años. Todo esto en un sedán de cuatro puertas.
Manejar un 300C regular es una tremenda experiencia. La potencia del HEMI de 5.7 es sencillamente espectacular. Ahora bien, guiar la versión SRT8 es otra cosa. El carro desarrolla potencia de tal manera que es algo irreal. Su aceleración es simplemente viciosa. Presionar el acelerador causa un efecto que en Puerto Rico describimos como el "halón de pelo". Para que sepan a qué nos referimos los boricuas con esto, imaginen que alguien, sin avisarles, les hala el cabello por detrás con mucha fuerza. La cabeza se irá violentamente hacia atrás, ¿verdad? Pues más o menos eso es lo mismo que ocurre durante un arranque del 300C SRT8, excepto que en vez de sólo la cabeza, el torso también se va hacia atrás hasta adherirse al asiento. Es como en una ocasión decían los comerciales de este carro en Estados Unidos: "425 caballos y cero piedad".
Durante el arranque, las 60 mph llegan en menos de cinco segundos. Desde ahí, el 300C SRT8, cuyo precio es de $45,205, puede seguir desarrollando hasta alcanzar las 170 mph. Nuevamente, números serios que pertenecen a la crema de los autos exóticos y no a un sedán.
Durante la aceleración se sienten las fuerzas ya descritas (como el halón de pelo). Pero a ello hay que añadirle el intimidante rugido del motor y sentir cómo las butacas deportivas casi lo agarran a uno. Es una experiencia tan intensa que casi da miedo, pero terror del bueno, del que gusta.
El 300C regular tiene de por sí una apariencia imponente. Pero la del SRT8 lo es más aún gracias a una utilización más conservadora del cromo, un lip spoiler trasero y unos grandes rines de 20 pulgadas a través de los cuales se pueden observar los frenos Brembo. El resultado es un carro con una apariencia bien agresiva, pero sin dejar de ser elegante. Pudiéramos describirlo como un monstruo vestido de etiqueta.
Otros detalles únicos del SRT8 incluyen las butacas deportivas que ya mencionamos (con las iniciales SRT8 bordadas en los espaldares), el velocímetro que marca 180 mph y por supuesto, el bestial motor HEMI de 6.1 litros. También lo identifican varias placas de SRT8 en distintas partes de la carrocería y del interior.
Ahora la parte mala: con un motor tan grande y una potencia tan demencial, el 300C SRT8 se traga la gasolina a razón de 13 millas por galón (MPG) en la ciudad y 18 MPG en la autopista.









