Desde siempre, Jeep se ha caracterizado por ser la marca de vehículos todoterreno más extrema de toda la industria. La misma marca se vanagloria de que todos sus vehículos salen de la fábrica con la capacidad de atravesar el mítico Rubicon Trail, la ruta off-road más ardua y tortuosa de Norteamérica y posiblemente del mundo.
Consciente de que no todo el que compra una SUV necesita ni tiene interés en vencer el Rubicon, la marca creó un Jeep muy poco tradicional. Se trata del primer Jeep creado para la ciudad y no necesariamente para todo tipo de terreno. En otras palabras, un Jeep urbano que más bien pasará toda su vida transitando sobre el pavimento que fuera de éste.
Desde hacía ya varios años Jeep estaba coqueteando con la idea de expandir su línea de productos, la cual quizás por demasiado tiempo estuvo limitada a tan sólo tres modelos: Liberty, Grand Cherokee y el portaestandarte de la marca, el inmortal Wrangler. En el 2005 añadió una cuarta camioneta, la Commander. Sin embargo, el mayor potencial de crecimiento Jeep lo vio en el popular segmento de las camionetas compactas, en el que nunca había competido. Este tipo de vehículo, como la Toyota RAV4, la Honda CR-V, la Mitsubishi Outlander y la Hyundai Tucson, entre otras, básicamente tiene la apariencia de una SUV, pero está construido sobre plataformas de carros. Significa que son camionetas mayormente para uso urbano y con el comportamiento de un auto, pero con la apariencia, conveniencia y multiplicidad de usos de una genuina SUV. El único compromiso, al menos para Jeep, es que estas crossovers tienen una muy limitada capacidad fuera del pavimento. En inglés las llaman “soft-roaders”.
Para el 2007, Jeep finalmente decidió atacar la jungla urbana y creó el Jeep Compass, cuyo modelo del 2008 representa su segundo año en el mercado.
El Compass utiliza la misma plataforma del Dodge Caliber, lo que significa que es un vehículo de tracción delantera. Sin embargo, al igual que el Caliber, el Compass puede estar equipado con un sistema All Wheel Drive (AWD) que le provee tracción en las cuatro ruedas. Ahora bien, esto no significa que un Compass con AWD cruzará riachuelos o que trepará piedras y laderas empinadas, pero al menos ofrece una mejor tracción y manejo en las curvas y sobre pavimento mojado.
Delatando sus componentes de carro, el rodaje del Compass es sumamente suave y cómodo, distinto al de cualquier Jeep. Si no es por la posición alta del asiento del conductor, uno no se daría cuenta que va manejando un vehículo tipo camioneta. Sus movimientos son los propios de un carro.
Para los fanáticos más ortodoxos de la marca, la noción de un Jeep sin capacidad para off-road serio y, peor aún, de tracción delantera, es un sacrilegio, pura herejía. ¿Por qué entonces se arriesgó Jeep a enfurecer a su fanaticada (una de las más fieles en la industria, de hecho) con un vehículo como el Compass? Pues simplemente para atraer nuevos clientes. Según estudios de mercadeo de la marca, existe toda una generación de consumidores, mayormente jóvenes, que nunca han comprado ni se interesan en comprar un Jeep por el simple hecho de que no necesitan un vehículo rudo. Irónicamente, a un gran número de éstos les interesa en cambio un vehículo compacto con un look aventurero aunque nunca salgan de la comodidad del asfalto. Para capturarlos es que entra en escena el Compass.
Con un precio que en el 2008 arranca en $18,055, el Compass es el modelo de entrada de Jeep. Nuevamente, un posicionamiento creado para atraer clientes jóvenes. Y al estar basado en el Caliber (que también es un modelo juvenil), el Compass hereda muchos de los principales componentes de éste. Esto incluye el motor cuatro cilindros de 2.4 litros y 172 caballos de fuerza. Este motor es el llamado “motor mundial” creado en conjunto entre Chrysler, Mitsubishi y Hyundai. Transfiriendo el movimiento a las ruedas delanteras (o las cuatro si está equipado con AWD) está la misma selección de transmisiones del Caliber. Éstas incluyen una manual de cinco velocidades o una automática de variable continua de segunda generación (CVT2 por sus siglas en inglés) de una sola velocidad con sistema AutoStick para cambios manuales.
El otro motor disponible es también de cuatro cilindros, pero de 2.0 litros y caballaje de 158, aunque sólo viene acompañado de la CVT2. De los dos motores, nuestra selección es el de 2.4 litros que trajo el Compass que probamos. La aceleración no es deslumbrante, pero sí adecuada. Con la transmisión manual debe ser mucho más divertido.
Aunque el diseño frontal del Compass tiene los patrones que históricamente han caracterizado a Jeep (faroles circulares y parrilla de siete aberturas verticales), el Compass no se siente como un verdadero Jeep. Mientras que los demás modelos de la marca lucen rudos, el Compass luce casi femenino. Y de hecho, los días que lo tuve, a mis amigas y a las féminas de mi familia les fascinó.
En cuanto a rendimiento de combustible, el 2.0 tiene un consumo 23 millas por galón (MPG) en la ciudad y de 27 en la carretera. El 2.4, a pesar de sus 14 caballitos adicionales, puede economizar aun más. Esto es, si va empatado a la caja manual. En ese caso tiene un rendimiento de 23 y 28 MPG en la ciudad y en la carretera, respectivamente. Si lleva la CVT2, el consumo es de 21 y 25.
También del Caliber, el Compass obtiene otros nítidos accesorios de entretenimiento. Por ejemplo, el sujetador de iPods o otros reproductores de MP3 (que también se pueden conectar al radio) ubicado entre los asientos delanteros y las bocinas ubicadas en el área de carga. Éstas pueden ser giradas para dirigir el sonido hacia el exterior del vehículo. En el caso de un verdadero vehículo off-road, diría que estas bocinas serían perfectas para escuchar música mientras se acampa en el bosque, pero tratándose del Compass, las veo más bien para proveer entretenimiento durante la tradicional barbacoa en el estacionamiento de algún estadio.









