En el 2001, Toyota amplió significativamente su ofrecimiento de camionetas cuando introdujo dos modelos. Ese año, a su trío de SUV compuesto por la RAV4, la 4Runner y la Land Cruiser, se le unió la mediana Highlander y la gigantesca Sequoia.
El lanzamiento de los dos nuevos modelos se dio en aquellos días gloriosos de gasolina barata (los que con sólo recordarlos casi nos hacen saltar las lágrimas). Eran días en que las arcas de las automotrices estaban rozagantes con las inmensas ganancias que les generaban las lujosas SUV grandes. Por tanto, la Sequoia fue vista como un modelo más relevante que la Highlander.
Pero eran otros tiempos. En vez de gasolina a poco más de un dólar por galón (lágrimas otra vez) ahora la tenemos que pagar a cuatro. Por tanto, del dúo de camionetas, la que a largo plazo resultó ser más relevante fue la Highlander.
Aunque con un diseño sobrio, insignificante y hasta aburrido, la primera Highlander era innovadora pues estuvo entre las primeras camionetas crossovers medianas que ahora, siete años más tarde, componen uno de los segmentos más fuertes de la industria.
El año pasado, la Highlander inició su segunda generación con un rediseño muy favorecedor. En lugar de la apariencia casi invisible del primer modelo, ahora tiene un porte notablemente más sofisticado que por fin le da presencia. Tiene personalidad. Ya no parece una camioneta con la que hay que conformarse.
Aunque continúa siendo de tamaño mediano, la Highlander del 2009 es más grande que la original. Creció de largo, ancho y alto así como también en su distancia entre ejes. Todo esto se traduce en una cabina más amplia con mayor espacio para los ocupantes, especialmente los que van en los asientos de la tercera fila. En el modelo original el asiento trasero no era un lugar muy agradable que digamos dada la carencia de espacio para pies y cabeza. En el nuevo modelo, el tercer asiento se beneficia de la expansión en las medidas interiores. Incluso, el acceso fue mejorado ya que Toyota creó un asiento central de segunda fila que puede ser escondido debajo del piso. En esa posición, la salida y entrada a la tercera fila es mucho más fácil.
El asiento de segunda fila ofrece gran generosidad de espacio y en las ocasiones en las que la Highlander se utiliza para transportar carga, la tarea de mover las dos filas traseras es bastante sencilla.
Así como el diseño exterior es ahora más sofisticado, lo mismo sucede por dentro. Los materiales de la cabina son de buena calidad y el ambiente en general es de refinamiento. Esto se acentúa más una vez que se cierran las puertas y se pone en el vehículo en marcha pues la cabina es muy silenciosa y el rodaje suave y cómodo.
Tan sofisticada es la Highlander que todos los modelos, excepto el básico, contienen un sistema de cámara y monitor que facilita la visión posterior del conductor cuando da marcha atrás.
Los precios van desde $27,600 por el modelo básico hasta los $33,070 de la Limited que probamos.
Otro rubro en el que la Highlander mejoró es en su potencia. Debajo del capó hay
un nuevo motor V6 de 3.5 litros que genera 270 caballos de fuerza y que responde sumamente bien. Transfiriendo hacia las ruedas delanteras hay una caja automática de cinco velocidades. También se puede optar por un sistema con tracción en las cuatro ruedas o AWD por sus siglas en inglés.
Por ahora, éste es el único motor disponible en la Highlander regular (también hay un modelo hibrido), pero para enero, Toyota espera lanzar un cuatro cilindros de 2.7 litros y 187 de caballaje. Aunque la automotriz no ha divulgado el rendimiento de combustible de este motor, se espera que sea superior a las 18 millas por galón que el V6 consume en la ciudad o las 24 en la autopista.