LAWRENCEVILLE, Georgia (AP).- Su madre se desentendió de él hace rato. Su padre fue deportado porque no tenía papeles.
El muchacho de 13 años espera ahora que un tribunal decida su futuro. Una opción sería que permanezca en el país donde nació y donde vivió toda su vida, a cargo del estado. Otra, que lo envíen con su padre a Guatemala, país que nunca ha pisado.
Es un caso complejo que no tiene soluciones fáciles. El chico es ciudadano estadounidense y dice que quiere quedarse aquí. Su padre maneja autobuses y no tiene trabajo fijo. Está dispuesto a hacerse cargo de él, pero cree que su hijo estaría mejor en Estados Unidos.
El chico, no obstante, tiene problemas de comportamiento, lo que hace que resulte difícil ubicarlo en un hogar adoptivo. Su hermano mayor, de 16 años, vive con familiares en Estados Unidos. Pero esos parientes tienen otros hijos y no podrían hacerse cargo de un joven con problemas.
La abogada asignada al muchacho dice que el estado parece empeñado en encontrar la forma de enviarlo a Guatemala en contra de sus deseos, en lo que equivaldría a una deportación, según ella.
Beatriz Illescas Putzeys, cónsul general de Guatemala en Atlanta, afirma que generalmente promueve la reunificación familiar, pero que en este caso cree que el chico debe quedarse aquí porque es ciudadano estadounidense y tendrá acceso a una mejor educación.
"Es un caso muy inusual", expresó Illescas Putzeys. "Casi siempre tratamos de que los menores sean enviados a Guatemala con sus familias".
El chico nació en Los Angeles en diciembre de 1995, hijo de una pareja de indocumentados. El padre era de Guatemala, la madre de El Salvador. La madre abandonó a la familia y no se tiene noticias de ella, de acuerdo con Rebeca Salmón, abogada contratada por el guardián asignado por los tribunales. El padre, Edgar Ovidio Juares, de 40 años, fue arrestado en junio del 2007 y deportado el año pasado, según le dijo a un abogado en Guatemala.
En una reciente conversación telefónica con la AP, Juares se mostró confundido. Dijo que quisiera tener a su hijo con él en Guatemala, pero que el muchacho puede tener una vida mejor en Estados Unidos.
"No quiero perder contacto con mi hijo", declaró. "Lo quiero aquí, pero no sería fácil ayudarlo con los problemas que tiene porque no tengo mucho dinero".
"Él me dijo que no quiere venir aquí", acotó.
Salmon le pidió a la AP no identificar el menor para proteger su privacidad. El caso está siendo manejado por el juzgado juvenil del condado de Gwinnett.
Salmon dijo que fue contratada por el guardián designado por un juzgado, quien cree que el estado quiere enviar al muchacho con su padre. Ella considera que eso no es lo mejor para el chico.
El muchacho ha estado con familias adoptivas desde que su padre fue arrestado. Desfiló por nueve casas en dos años, indicó Salmon, quien lo describió como un joven rebelde, que necesita tratamiento terapéutico. En estos momentos está en una residencia juvenil, pero Salmon dijo que quiere ubicarlo en un sitio especializado en chicos con necesidades especiales.
"En lugar de resolver los problemas que tiene, lo mandan de un sitio a otro. Ahora ya no tienen dónde ubicarlo y quieren enviarlo a otro país", sostuvo.
El Departamento de Recursos Humanos del estado, que supervisa la división de servicios para la familia y la niñez, le solicitó este año a las autoridades guatemaltecas que le buscasen un hogar al muchacho en Guatemala. Una portavoz de esa agencia, Dena Smith, se abstuvo de decir cuáles son los planes para el joven, pero afirmó que la prioridad es siempre buscar una solución segura y permanente.
Un funcionario guatemalteco le escribió una carta a la división de bienestar del menor en julio del 2008, en la que se dice que una tía del chico en Guatemala expresó que el muchacho estaría mejor en Estados Unidos debido a sus "trastornos psicológicos y de comportamiento".
Un informe más detallado entregado a comienzos del 2009 dice que Juares vive con su padre, el abuelo del muchacho, que los dos están interesados en tener la custodia del niño y que aparentemente podrían hacerse cargo de él. Pero también pide que se tomen en cuenta los derechos que tiene el menor en su condición de ciudadano estadounidense, incluida la posibilidad de una calidad de vida mejor en este país.
El informe dice que el abuelo, quien tiene 67 años, gana 616 dólares al mes cultivando la tierra y que el padre percibe unos 18 dólares al día manejando un autobús, pero que no tiene trabajo fijo. Viven en una comunidad rural con servicios básicos como agua, electricidad y escuelas primarias.
La próxima vista en torno al caso está programada el 20 de julio.
Illescas Putzeys dice que argumentará que el chico no debe ser enviado a Guatemala. Indicó que su misión es defender los intereses de los ciudadanos guatemaltecos y que en este caso particular habló con Juares para asegurarse de que no tiene objeción alguna a que haga fuerza para que el muchacho se quede en Estados Unidos.
"Él dice que le gustaría hacerse cargo de su hijo, pero se da cuenta de que no puede hacerlo", manifestó la cónsul.