Un hispano trabaja en una granja lechera de Fairfield, Vermont. Foto: AP.
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“La única obra de caridad que hago es con los mexicanos. Son mis muchachos. Los quiero mucho”, acotó.

Entre los trabajadores de la industria lechera la conocen como “mamá Nancy”.

Está en constante contacto con ellos y con los dueños de las granjas que buscan mano de obra. Dice que antes de recomendar a alguien, lo estudia.

Una tarde reciente, Sabin visitó una granja en Fairfield y le llevó una caja de tortillas a dos mexicanos que vivían en una casa rodante. Uno de ellos le dio un paquete para que se lo enviase a su familia en el estado de Chiapas. El paquete contenía un reproductor de DVDs, un par de zapatos y alguna ropa.

El trabajador, de 22 años, dijo sentirse agradecido de que Sabin los visite periódicamente. “Es un angel de Dios”, expresó.

Un estudio informal realizado hace varios años determinó que en Vermont había unos 2,000 hispanos, pero no se conoce la cantidad exacta de extranjeros que trabajan en granjas. En la actualidad hay poco más de mil granjas, comparado con las 2,300 de 1992, y la mano de obra en su mayoría es hispana.