Un hispano trabaja en una granja lechera de Fairfield, Vermont. Foto: AP.
1/1

CHARLOTTE, Vermont/AP — “No me vengan con el cuento de que los hispanos le quitan trabajo a los estadounidenses”, afirma una anciana que ayuda a los inmigrantes y conoce de primera mano la dinámica de la industria láctea de Vermont.

“Ningún estadounidense en su sano juicio trabajaría 60 o 70 horas semanales, como hacen ellos”, agrega Nancy Sabin.

La mujer, quien se crió en Puerto Rico, fue a un picnic organizado por una granja hace varios años e inició una relación con los trabajadores hispanos que ha ido creciendo con los años.

Cuando se enteraron de que hablaba en español, comenzaron a pedirle que los ayudase con traducciones. Luego que los ayudase a conseguir trabajo.

Ahora su teléfono no deja de sonar.

Con sus 70 años, dice que ayuda a los inmigrantes a encontrar trabajos que no muchos residentes de la zona están dispuestos a realizar.

“Me parece absurdo que el gobierno sea tan estúpido como para no darse cuenta de que (los inmigrantes, incluidos indocumentados) son una necesidad”, expresó Sabin.

Sabin es una especie de trabajadora social sin título, que se asegura de que los trabajadores hispanos tengan tortillas mexicanas, se mantengan en contacto con sus familiares, reciban asistencia médica y puedan despachar encomiendas a México y Centroamérica.

No cobra por sus servicios. Cuando se le pregunta de dónde saca el dinero para manejar por todo el estado sin cobrar, responde: “Digamos que soy una mujer rica, aunque no es cierto”.