Un 58 por ciento de las familias rurales latinas deben elegir entre comprar comida o pagar los servicios públicos, según el estudio. (FOTO: Archivo/La Opinión)
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La mayoría de estas familias llegó a Estados Unidos desde México en los últimos 15 años, tiene hijos menores de 12 años y vive por debajo del nivel federal de pobreza.

Dos de cada tres de estos padres completó solamente la escuela primaria. En promedio, los padres trabajan 36 horas por semana y perciben entre 7 a 10 dólares por hora.

Según la investigación, entre las madres latinas la depresión se correlaciona con la falta de alimentos en la casa, debido a que éstas sienten la responsabilidad de alimentar a sus hijos y conectan esa responsabilidad con la satisfacción que sienten en la vida.

Otros factores que contribuyen a la depresión es trabajar largas horas y no estar en la casa junto a los hijos y la falta de una familia extendida que, por ejemplo, ayude a cuidar a los hijos si la madre está enferma.

El estudio define como "inseguridad alimenticia" a la imposibilidad por parte de la familia de adquirir suficiente comida como para que todos sus miembros mantengan una vida activa y saludable.

A nivel nacional, un 11 por ciento de las familias enfrentan este problema, pero entre los hispanos ese índice alcanza el 20 por ciento.

Un 58 por ciento de las familias rurales latinas deben elegir entre comprar comida o pagar los servicios públicos y además limitan la compra de alimentos a los más básicos (arroz y frijoles) para cumplir con la obligación que sienten de enviar dinero a sus familiares en México.

A su vez, la falta de dominio del inglés por parte de los inmigrantes y las leyes estatales que restringen el acceso a programas de ayuda para quienes no puedan demostrar "presencia legal" en el país impiden que las familias latinas necesitadas reciban ayuda de bancos de comida u otras organizaciones comunitarias.