Oficiales de Inmigración durante la redada a la planta de Yamato Engine Specialist en Bellingham donde detuvieron a dos docenas de indocumentados.
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BELLINGHAM, Washington/AP — Primero fueron detenidos y se enfrentaban a ser deportados tras la única redada laboral efectuada hasta ahora bajo la presidencia de Barack Obama. Luego recibieron permisos de trabajo y el aviso de que podrían permanecer en Estados Unidos mientras su patrón era procesado.

Ahora, más de 24 trabajadores indocumentados detenidos en la redada de febrero en la fábrica Yamato Engine Specialists Limited vuelven a encarar la deportación.

“Bueno, ¿qué puedo hacer?. No hay que huir, eso sería peor”, dijo el mexicano Gerardo Arreola González, uno de los 28 trabajadores detenidos, al comentar la redada. “Tuve que encarar la situación. Sí, tengo miedo y pienso ’se acabó el sueño”’. De los 28, 25 son mexicanos y los tres restantes de Honduras, Guatemala y El Salvador.

La inusual trayectoria de González y los demás por el sistema de inmigración simboliza lo que ha cambiado la política en ese terreno bajo el presidente Barack Obama — y cómo sigue evolucionando.

Las deportaciones son la conclusión de un caso que irritó tanto a los activistas defensores de los indocumentados como a los partidarios de aplicar con mayor celo y contundencia la ley en materia de inmigración.

En este caso, los trabajadores, y también la oficina de Seattle del servicio de Inmigración y Vigilancia Aduanera que realizó la redada, fueron castigados de una forma u otra o sometidos a un escrutinio especial.

Dos días después de la redada, los funcionarios de inmigración intercambiaron mensajes electrónicos urgentes respondiendo a las preguntas de una Casa Blanca sorprendida, según la correspondencia electrónica obtenida por Associated Press mediante una petición de documentos federales.