NUEVA YORK — “Acuérdense de nosotros. Al igual que los policías y los bomberos, nosotros también nos estamos muriendo”.
Este es el clamor de un grupo de enfermos del 9/11, que tras trabajar en labores de limpieza en el área del World Trade Center y respirar el aire contaminado con la caída de las Torres Gemelas, empezaron a enfermarse y muchos han muerto y otros han desarrollado enfermedades incurables como el cáncer.
En meses después del 9/11, entre 50,000 y 100,000 personas trabajaron en la Zona Cero, donde fueron expuestos a químicos altamente tóxicos como el amianto, plomo, poliuretano y arsénico.
Hasta agosto pasado, habían fallecido 817 personas que trabajaron en tareas de rescate y limpieza en la Zona Cero y el vertedero de Fresh Kills, en Staten Island, adonde se llevaron los escombros del área, según un estudio realizado por el estado de Nueva York. De ellos, 270 murieron de cáncer, 200 más de otras enfermedades, y 33 se suicidaron.
Nora Triviño, de 54 años, desde el 17 de septiembre de 2001 trabajó durante 6 meses con la empresa Maxons limpiando la iglesia Trinity, restaurantes y edificios de la Zona Cero, ocho horas al día, a $60 la jornada. Denuncia que con ella trabajaban unas 100 personas y la empresa sólo les dio mascarillas de papel para protegerse del polvo.
“Desde 2004 empecé a padecer problemas respiratorios, asma aguda, rinitis, tos constante”, dijo Triviño.
Ahora recibe asistencia médica en la clínica para enfermos del 9/11 del Bellevue Hospital Center, y según documentos firmados por su médico, Joan Reibman, la madre colombiana también padece de depresión, ansiedad, y problemas psicológicos de estrés postraumático, como irritabilidad.
Triviño dijo que debido a sus enfermedades no puede trabajar para mantener a su familia y, como es indocumentada, no califica para asistencia pública ni cupones de alimentos.
“De los trabajadores comunes, muchos como yo indocumentados, que trabajamos en limpieza en la Zona Cero, no se dice nada. Nos tienen olvidados y nos estamos muriendo poco a poco”, dijo Triviño. “Sólo se habla de los bomberos y los policías, como si nosotros no existiéramos”, agregó.
Rubiela Arias, quien trabajó durante ocho meses con la compañía Milro en limpieza y remoción de escombros, dijo que aún está traumatizada por los restos humanos que encontraban.
“Fue horrible. Encontrábamos zapatos, ropa con sangre, partes humanas. Había un olor a cementerio. Había amenazas de bombas y trabajábamos con miedo. Aquello parecía el fin del mundo”, dijo Arias, quien también está indocumentada, es madre soltera y está a punto de quedar desamparada porque debe varios meses de alquiler.
“Lo primordial es que no nos quiten los beneficios médicos. Ya hay más de 800 personas que han muerto de las personas que trabajamos en la Zona Cero. Algunos han recibido compensación monetaria, pero otros no han recibido nada y nos es muy difícil mantenernos sin poder trabajar”, dijo Arias, quien padece de asma crónica, sinusitis, y problemas psicológicos.
Martha Freire, quien padece de cáncer en las glándulas tiroides y otras enfermedades respiratorias, y trabajó para JVC en limpieza en la Zona Cero, dijo que está indocumentada y no puede regresar a su país para no perder el tratamiento en el Bellevue, pero pide que a su hija mayor le concedan una visa humanitaria para que la venga a ver desde el Ecuador.
“Somos héroes olvidados. A nosotros nos deben dar documentos para obtener los beneficios y poder vivir en este país. Ya a mí, en mi condición, no me importa mucho. Yo lo que quiero es volver a ver a mi hija, a quien tengo 10 años que no veo”, dijo Freire, quien viven en Nueva York con su hija de 13 años Jamilet.
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