Familiares y amigos del mexicano Luis Ramírez, asesinado a golpes en Shenandoah, Pennsylvania, se han organizado para exigir justicia. [Foto: Suministrada]
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La muerte del inmigrante mexicano Luis Ramírez, asesinado a golpes por un grupo de jóvenes en la pequeña localidad de Shenandoah, Pennsylvania, no sólo ha revelado las tensiones existentes entre los grupos étnicos de esa región: también ha estremecido a los residentes de Parcialidad de Iramuco, Guanajuato, donde ya fueron enterrados los restos del muchacho de 25 años.

Allí, muchos se preguntan el porqué del horrible crimen, dijo la mamá del muchacho, Elisa Zavala.

Zavala, de 48 años, no atina a imaginar la razón por la cual un grupo de jóvenes estadounidenses habría asaltado a golpes a su hijo el pasado 12 de julio, dejándolo primero en coma y causando su muerte dos días después.

"Es algo muy horrible", dijo la señora Elisa en una entrevista telefónica. "No es porque fuera mi hijo, pero él era un muchacho muy comportado, muy bueno. Aquí la gente está muy molesta, muy enojada, vienen a los rosarios y preguntan por qué, que cómo es posible".

Pero para Gladys Limón, abogada de derechos civiles de la Fundación Mexicoamericana para la Defensa Legal y la Educación (MALDEF), este no es un caso aislado o inexplicable, sino que responde a la creciente hostilidad antiinmigrante que se vive en muchos rincones de este país. A 17 millas de Shenandoah, un pueblo de cinco mil habitantes, está Hazleton, una de las primeras ciudades de Estados Unidos en aprobar una medida antiinmigrante.

"Consideramos que este caso es importantísimo porque es representativo de lo que está pasando en todo el país. No es el primer incidente, y no va a ser el último si no hacemos algo ya. En este caso nos preocupó mucho cómo reaccionaron los funcionarios locales inicialmente: rápido defendieron a los muchachos y sus familias, en vez de dar el pésame a la familia de la víctima", dijo Limón, quien desde Los Ángeles voló hace unos días a Shenandoah para organizar una vigilia y rueda de prensa. "Nadie estaba hablando del caso, queríamos que la gente lo supiera".

El asesinato de Ramírez ha comenzado a atraer la atención nacional, particularmente desde que se anunció, hace un par de días, que también sería investigado por la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia y por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), paso que refuerza la posible clasificación del mismo como un "crimen de intolerancia racial".

Varios testigos han declarado a los medios, y a la policía, que los jóvenes que atacaron a Luis Ramírez, todos ellos blancos y jugadores de futbol americano de la secundaria local —inicialmente se dijo que eran seis, aunque actualmente sólo se habla de cuatro— utilizaron epítetos raciales en varias ocasiones antes, durante y después del ataque.

Entre los testigos está una agente retirada de la policía de Philadelphia, Eileen Burke, quien declaró a CNN que tras el ataque los jóvenes se dirigieron a una muchacha de 15 años que estaba con Ramírez, la hermana de su novia, y le gritaron, entre otras cosas, "maldita p... dile a tus malditos amigos mexicanos que salgan de Shenandoah o vas a yacer junto a él, maldita".

Otros testigos también escucharon insultos raciales y que los jóvenes agredían a Ramírez por ser mexicano.

De acuerdo con las cifras del FBI, los crímenes de intolerancia contra los latinos han aumentado en 35% desde 2003 hasta 2006, las últimas cifras disponibles. Otros grupos, como el Southern Poverty Law Center, han venido analizando delitos de este tipo contra latinos e inmigrantes en diferentes puntos del país, y aseguran que el ambiente antiinmigrante ha impulsado la creación de nuevos grupos racistas ligados incluso a los supremacistas blancos.

Mark Potok, del Southern Poverty Law Center, dijo: "Es mucha casualidad que en el mismo período en que ha aumentado la retórica antiinmigrante en los medios y por los políticos, también hayan aumentado los delitos de odio contra los latinos".

El doctor Agapito López, un puertorriqueño residente en Hazleton desde 1991 y parte de la comisión asesora de asuntos latinos para el gobernador de Pennsylvania, dijo que el pueblo ha visto por muchos años a trabajadores del campo, pero que éstos normalmente iban de paso. Sin embargo, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y la subida de los precios en esa zona, muchos inmigrantes empezaron a irse a pueblos pequeños de los alrededores, donde conseguían trabajos.

Agregó que en años recientes, la hostilidad hacia los latinos se ha acentuado. "Cuando vamos a recibir servicios en agencias públicas, en las escuelas o en los hospitales, hay cierta renuencia de empleados en demorar el servicio, en cuestionar el derecho que se tiene a recibirlo. Aparte de los comentarios a viva voz que oímos de la gente diciendo, ‘mexican, go home; illegal, go home’", dijo López.

Aunque inicialmente las autoridades de Shenandoah se mostraron incrédulas de que los jóvenes involucrados tuvieran intenciones de matar o una motivación racial —el propio alcalde, Thomas O’Neill, inicialmente declaró que no creía que esto fuera posible y luego pidió disculpas por ello—, dos de los muchachos fueron acusados de homicidio el pasado viernes, un tercero enfrenta cargos de asalto y un cuarto tendrá que responder como menor de edad. Los dos acusados de homicidio también son menores, pero han sido acusados como adultos.

Todos también enfrentan cargos de intimidación étnica, por el uso de epítetos raciales contra Ramírez, a quien asaltaron el sábado 12 de julio por la noche en una calle del pueblo de Shenandoah, cuando éste acompañaba a la hermanita menor de su novia Crystal a la casa de su mamá.

Ramírez y Crystal tienen tres hijos, dos de los cuales son de Luis y un tercero de ella, a quien Luis acogió como suyo. Los niños tienen 3, 2 y 1 año de edad, y son la preocupación de la señora Elisa Zavala, quien el año pasado vino a Shenandoah a ayudar a su hijo con el cuidado de los pequeños.

"Él se había ido a ganar dinero allá para terminar unos cuartitos en un terreno que me dio mi mamá. Con mucho sacrificio lo hicimos. Y cuando él tuvo a sus hijos, yo fui allá a ayudarlo; estuve un año, e incluso trabajé en un restaurante y le ayudé con los niños", cuenta la señora. "Pero allá la vida era muy difícil. De hecho, se iban a venir a vivir aquí en diciembre, a poner un negocio de vidrios y aluminio. Una cuñada mía los iba a ayudar".

Ramírez había trabajado en el campo, empacando frambuesas y fresas, y también en una fábrica. Conoció a Crystal Dillman en 2005 y se enamoraron. Se iban a ir a México a finales de año a reunir la familia.

"Aquí podríamos haberle hecho la lucha pescando. Él quería comprarse un tráiler", recuerda la mamá. "Nada más imagínese lo que siento. Esto merece justicia, fue algo muy feo y estos niños quedan sin padre".