EDMONDS, Washington, EE.UU. (AP) _ La ventana del dormitorio de Julie Quiroz tiene una vista magnífica. Pero ella ni se da cuenta.
Se levanta a las siete de la mañana y a las ocho ya está frente a su computadora, tratando de recuperar el tiempo perdido. En unos pocos meses, espera ponerse al día con las clases del séptimo grado de todo un año, para que al reanudarse el período escolar en el invierno pueda cursar el octavo grado.
La niña, de 13 años, perdió todo un año escolar cuando su madre fue deportada a México y se la llevó con ella. Ahora regresó esta localidad vecina a Seattle, donde vive con el empresario de bienes raíces Joe Kennard y su esposa Jo Ann, cuyos esfuerzos para que la familia de Quiroz se estableciese en Ciudad Juárez, en la frontera con Estados Unidos, no dieron los resultados esperados.
A principios de junio, la madre de la muchacha autorizó a que los Kennard se hiciesen cargo de la niña y que ésta regresase al área de Seattle, donde se siente en su casa.
"Llovía la noche que regresé. Me alegré de volver a ver la lluvia", comentó Julie. "Me crié aquí. Me alegro de estar de vuelta. Aunque desearía que mi familia estuviese también aquí, todos felices".
Los Kennard decidieron ayudar a Ana Reyes y sus hijos cuando leyeron un reportaje sobre sus padeceres en el diario Seattle Times.
Reyes, de 42 años, no pudo encontrar trabajo en México tras ser deportada y pasaba de una casa de familiares a otra, en barrios peligrosos.
Julie, quien concluyó el período lectivo en la Seahurst Elementary School de Burien el día en que su madre fue detenida, no cursó estudios en México porque sus conocimientos del español son limitados, según dijo.
Los Kennard esperan que el caso de Reyes sirva como ejemplo de lo que puede hacer la gente para ayudar a que personas deportadas encuentren trabajo cerca de la frontera, del lado mexicano, y sus hijos puedan vivir en el lado estadounidense.
Han estado trabajando para construir una red de iglesias a ambos lados de la frontera dispuestas a ayudar a esas familias.
En abril, lograron que Reyes, sus cuatro hijos y su novio, Arturo Hernández, se radicasen en Juárez, en la esperanza de que los dos adultos pudiesen hallar trabajo y que Julie y su hermana menor, Sharise, pudiesen estudiar en escuelas de El Paso, Texas, del lado estadounidense de la frontera.
Pero las cosas no funcionaron.
Los dos hijos mayores de Reyes, a quienes la mujer trajo a Estados Unidos inicialmente hace 18 años, fueron deportados nuevamente. Ya habían sido deportados con ella el año pasado y regresado ilegalmente al país. A uno de ellos se le hallaron instrumentos usados para el consumo de drogas.
Al no conseguir trabajo, la madre regresó a la ciudad de México junto con su hija menor, mientras que su novio volvió a Aguascalientes, donde viven sus padres.
Kennard dice que entiende las razones por las que la familia se fue de Juárez, pero que de todos modos quería hacer todo lo posible para que Julie continuase estudiando en Estados Unidos.
"Tomamos un desvío, eso es todo", expresó.
Agregó que él y su esposa podrían tratar de afincar a los deportados en otras ciudades de la frontera menos peligrosas.
"Seguimos en contacto con iglesias y tratando de ubicar familias que enfrentan estas situaciones. Queremos que la gente haga lo que dice la Biblia y ayude a los niños que atraviesan por dificultades", sostuvo Kennard.
El matrimonio Kennard planea radicarse en Texas en las próximas semanas. La idea es que Julie viva con ellos durante el año escolar y pase feriados y vacaciones con su madre en México. Kennard, por otro lado, le pidió a un abogado que analice el caso de Reyes.
Kennard dice que quiere que Julie sea un símbolo de todos los niños en su misma situación.
A Julie le gusta la idea de ser portavoz de otros hijos de indocumentados.
"Podría hablar por experiencia sobre lo que les está pasando", expresó.
Julie es una niña morena, bonita y extrovertida, que hacía la vida típica de cualquier muchacho de Burien hace un año, reuniéndose con amigos en centros comerciales y en la biblioteca, y yendo al parque con su familia los fines de semana.
Cuando Reyes fue deportada, convenció a la niña de que se fuese con ella. Le dijo que sería por un período corto, una especie de vacación. La mujer y sus dos hijas se fueron a la ciudad de México.
A Julie no le gustó México. El barrio donde vivían era tan peligroso que ella y su hermanita no podían salir a la calle.
"Lo único bueno fue que podíamos ver a mis abuelos y a parientes que no conocíamos", dijo Julir.
Cuando la familia se mudó a Juárez con la ayuda de Kennard, Julie se sintió feliz de poder volver a estudiar. Juárez, no obstante, tampoco fue la solución esperada. Su madre no encontró trabajo y "no salíamos de noche porque era muy peligroso", según dijo Julie.
La violencia del narcotráfico ha aumentado considerablemente en tiempos recientes en las ciudades a lo largo de la frontera, en particular en Juárez.
Mientras la familia permaneció en Juárez, Julie se quedaba durante la semana en El Paso, en la casa de unos amigos de los Kennard. La señora de la casa era maestra y ayudó a Julie a ponerse al día con las clases de matemáticas, lenguaje, estudios sociales y ciencias. Una maestra de Seattle ayuda ahora a Julie con sus estudios en Edmonds.
"En estos momentos me concentro sobre todo en matemáticas y ciencias, que son las dos materias que más problemas me dan", dijo la niña.
Julie temía que no podría hacer amigos si estudiaba en casa. Pero ese no fue el caso. Se hizo de algunos amigos en El Paso y ya tiene también amistades en Edmonds, incluida una nieta de los Kennard con la que se lleva muy bien.
También reanudó el contacto con sus viejos amigos de Burien. "Espero poder volver a verlos", señaló.
Julie habla muy seguido con su madre y sabe que debe estar sufriendo por la separación.
"La última vez que hablé con ella parecía un poco mejor", expresó. "Y mi hermano me dijo que se alegraba de que yo haya podido regresar y que debería sentirme dichosa de que las cosas me salieron bien".








