ROSWELL, Georgia, EE.UU. (AP) _ Como tantos indocumentados que viven en Estados Unidos, el mexicano Lorenzo Jiménez sabía que los agentes de inmigración podrían buscarlo en cualquier momento.

Aún así, tuvo tanta fe en sus planes de forjarse una vida en Estados Unidos que compró una casa en este suburbio de Atlanta, usando el nombre y el número de Seguridad Social de su hija estadounidense, quien por entonces tenía un año de edad.

La estratagema funcionó por algún tiempo y Jiménez y su familia vivieron durante varios años como "ciudadanos normales".

A unas cuantas casas de Jiménez y su familia está la casa de la madre de Nicole Griffin. Cuando Griffin visitaba a su madre, dice, sus hijos jugaban con los niños de Jiménez. A inicios de año, Jiménez puso a la venta su casa de cuatro alcobas y dos baños porque quería más espacio. Griffin se interesó de inmediato.

Ambos negociaron un contrato, pero Griffin pidió postergar la firma porque tenía problemas para conseguir una tasa de interés baja. Jiménez aceptó, aunque le pidió a Griffin que se mudase a la casa en el plazo establecido y le pagase un alquiler mientras se completaba el trámite.

Griffin se mudó y pronto surgió otro inconveniente: sus abogados le dijeron que en el título de la casa figuraba el nombre de la hija de Jiménez, pero en los documentos de venta no. Los abogados dijeron que este problema se podía resolver, pero tomaría más tiempo.

A esta altura, Griffin decidió que no le correspondía pagar alquiler, pues la demora era causada por Jiménez. El mexicano insistió en que pagase y estalló la guerra entre ambos: Griffin, una madre soltera de 28 años y con dos hijos, fue forzada a abandonar la casa y mudarse con su madre. Molesta, se vengó delatando a Jiménez ante los medios de comunicación locales, las autoridades de inmigración y el jefe de Jiménez. Incluso puso letreros en el patio de la casa diciendo que Jiménez es un indocumentado.