La audiencia preliminar en el caso del indígena triqui acusado de intentar "vender" a su hija, Marcelino de Jesús Martínez, estaba programada para ayer a las 9:00 a.m. Sin embargo, inició una hora tarde debido a que los intérpretes del idioma triqui proporcionados por la corte no se encontraban disponibles.

La ironía es que la defensa de Martínez, quien reside en la ciudad de Greenfield, argumentó precisamente que existió un problema de interpretación durante la declaración del acusado ante la policía, mismo que llevó a una confusión: Martínez dijo que su hija había sido raptada, mientras el intérprete dijo que su hija había huido, asegura el abogado J. A. Hernández.

Este caso ha puesto en evidencia uno de los principales problemas que enfrenta esta comunidad: la dificultad para encontrar intérpretes en medio del choque entre culturas.

Greenfield cuenta con una población de 17,000 habitantes; entre ellos, se estima que cerca de 10,000 son de origen triqui, una comunidad indígena asentada en el corazón del estado mexicano de Oaxaca. La mayoría de ellos no habla inglés ni español.

"Cerca del 90% de quienes vienen aquí a buscar ayuda son triquis", comenta Estela Ramírez, indígena triqui que se desempeña como intérprete para el Centro Binacional para el Desarrollo Índígena (CBDIO) de Oaxaca en Greenfield.

De acuerdo con Ramírez, las cortes no son el único reto para los migrantes triquis. Los servicios de salud, el acceso a la información que distribuye el gobierno e incluso el conocimiento de las leyes básicas, se complica debido a la falta de dominio del idioma y a la carencia de intérpretes calificados.