Gente de todas las razas, todos los colores, todos los continentes, participaron en la misa en Riverside. [Fotos: Ciro Cesar /La Opinión]
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La mujer negra con enorme sombrero rojo y colorida falda larga es originaria de la tribu Igbo, de Nigeria. La de ojos rasgados que carga a su hija en kimono es japonesa. El hombre blanco de barbas largas es un menonita procedente de Ucrania. La niña que afina un violín y viste de mariachi es hija de inmigrantes mexicanos. Es la diversidad de la raza. Africanos, asiáticos, europeos y latinoamericanos. Fue la unión de culturas y religiones que ayer pidieron, una vez más, una reforma migratoria.

La mezcla cultural y de razas tuvo lugar en la Iglesia Católica de Santa Catalina de Alejandría en Riverside, donde ayer se celebró por tercer año consecutivo la Misa de Migración, con el anhelo de renovar la esperanza y buscar justicia para los inmigrantes.

"Esto es algo muy bonito, ver la unión entre las razas", comentó la señora Rosa Cárdenas.

"Conocer diferentes culturas es algo muy importante, este mensaje lo deberían mandar al Presidente, que se dé cuenta de esta unidad, porque los políticos nos dividen, pero nosotros estamos unidos", agregó su esposo Apolinar al concluir la homilía oficiada por el obispo Gerald Barnes y el obispo auxiliar Rutilio del Riego, ambos de la Diócesis de San Bernardino.

Durante la ceremonia religiosa los asistentes oraron por los millones de inmigrantes en este país. Y también por los líderes políticos.

"Para que se esfuercen en extirpar del mundo toda clase de divisiones, prejuicios y discriminaciones de raza, clase social, nacionalidad, sexo y religión a través de leyes más justas", fue la oración.

También se incluyó en el rezo a quienes protegen las fronteras: "Para que nunca abusen de su poder, sino que sean verdaderos guardianes de la paz y la justicia".