Una señora se acercó al finalizar mi conferencia Mujer sin límite. Me dijo con tristeza: "Mi esposo me ha sido infiel muchas veces. Ayer descubrí su quinta traición. Llevo diez años en este suplicio. Esta vez me juró por su madre que no lo haría más, ¿qué debo hacer?".

¡No podía creer lo que escuchaba! Ante semejante pregunta traté de disimular mi frustración, pero no pude contenerme y casi frenética exclamé: "¿Señora, qué espera para dejar a ese hombre?

Estoy segura que esta mujer lleva quejándose de las infidelidades de su marido desde que lo conoció. Sus quejas no han resuelto absolutamente nada; por el contrario, han alargado su martirio. Al igual que ella, todas hemos vivido circunstancias en las que llevamos siglos quejándonos, pero no hacemos nada para cambiar o mejorar el contexto.

Por eso te pregunto: ¿De quién te quejas eternamente? ¿Qué situación te hace refunfuñar interminablemente? Tal vez tienes una amiga a la que le has brindado todo tu apoyo, pero cuando la necesitas está muy ocupada para atenderte y continuamente dices: "la próxima vez le retiro la amistad". A lo mejor, te quejas constantemente de tu jefe y pareces un disco rayado diciendo: "Me tiene hasta la coronilla, no soporto trabajar aquí", o quizá estas involucrada con un hombre casado y diariamente dices: "Esto no es justo, no quiero ser plato de segunda mesa".

¿Hasta cuándo vas a seguir quejándote de lo mismo? Cualquier relación de tu vida que te tenga descontenta, bien sea amorosa, amistosa, familiar o de trabajo, es hora de dejar las quejas y buscar una solución. Te doy tres opciones:

primero, trata de transformar a la persona o situación que te tiene disgustada. Hazlo por medio de tus acciones y palabras. Intenta diferentes estrategias. Si no ves resultados, significa que tus esfuerzos son en vano y no debes perder más tiempo o energía. Pero si decides continuar, toma la segunda alternativa: acéptalo y hazte de la vista gorda. Es decir, para de criticar o esperar que algo cambie, y si no puedes hacerlo, entonces solo te queda una opción: ¡Decir adiós!