(FOTO: Archivo/AP)
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Fue allí cuando los padres de Benjamín decidieron tomar el avión, acompañar y cuidar al chico para que no estuviera sufriendo solo. Un médico les explicó la gravedad de la lesión e insistió en que se lo internara de inmediato. La madre de Benjamín consultó con un especialista y cirujano y decidieron transportar al muchacho para que fuera tratado en una clínica en su propio país, donde le reconstruirían los huesos faciales rotos y recuperaría su rostro.

Pasaron más de tres cirugías y varias semanas en la clínica donde Benjamín comenzó a recuperarse lentamente. Sus familiares cercanos y lejanos hablaban continuamente, así como sus amigos, maestros y directores del campamento. Benjamín y su familia recibieron un gran apoyo de su comunidad en general.

Curiosamente, las únicas personas que nunca tuvieron ni siquiera la atención para llamar y preguntar como estaba el muchacho, fueron Alonso, el joven que sin querer ocasionó el accidente, y sus padres.