(FOTO: Archivo/AP)
1/1

Un accidente es una acción sin mala intención, pero como se comportan las personas a raíz del hecho puede cambiar cualquier relación.

Hay situaciones incómodas y complicadas que son difíciles de afrontar. A veces accidentalmente uno provoca una situación que causa malestar a otro. En estos casos se puede actuar con sensibilidad, entendiendo el inconveniente o el dolor causado, o se puede actuar de una manera indiferente, evasiva y despreocupada, justificándose a si mismo por el hecho que se trató de un accidente sin mala intención. Si bien los accidentes son incidentes involuntarios e incontrolables donde no hay culpables, se debe tomar responsabilidad y tener iniciativa después del percance.

Alonso y Benjamín son dos jóvenes de diecisiete años, buenos amigos, que tuvieron la buena suerte de poder viajar al exterior para un campamento de verano, en un hermoso lugar con un prestigioso campo de golf.

Un día, el instructor de golf les explicó como perfeccionar sus tiros y como mejorar el giro para lograr un mejor ángulo para golpear la pelota. Alonso no se fijó quien estaba parado detrás de él. Al estirar las manos tal como se le había enseñado y dar el giro, le pegó sin querer al pobre Benjamín en la cara, ocasionándole una herida.

Los médicos del campamento nunca se imaginaron que este golpe fuese algo de mayor gravedad. Lo llevaron al centro médico del pueblito más cercano, donde le dieron unas puntadas para cerrarle la herida. Pasaron varios días y la lesión no sanaba, la cara de Benjamín comenzó a desfigurarse y a hincharse cada vez más. Los encargados del campamento se preocuparon tanto que decidieron llevarlo al hospital general a un par de horas del lugar.