Nada sabe a Día de Acción de Gracias como... ¿pastitsio?
"Para Thanksgiving, mi madre hacía un pavo, lo cual era un paso bastante grande para ella, pero todo lo demás en la mesa era griego", dice Michael Psilakis, chef del restaurante Anthos de Nueva York.
Para su familia el pastisio, una suerte de lasaña con fideos y una besamel griega de huevo, era tan importante como el ave.
La fiesta de Thanksgiving requería una mezcla similar de culturas en el hogar coreano del chef David Chang. quien considera los platillos de sus restaurantes Momofuku comida "americana".
"Thanksgiving siempre era un poco de todo", dice Chang, recordando las docenas de parientes que llegaban con bandejas de las costillas llamadas kalbi-jim, el repollo curtido llamado kimchi, y el plato de fideos llamado chop che. "Teníamos los platillos coreanos que eran servidos en las celebraciones y los clásicos de Thanksgiving. Era un festín".
Los estadounidenses vienen de 125 naciones, según cifras del Censo, y más de 299 millones de personas —o el 97 por ciento de la población— reclama tener raíces étnicas. Es más que apropiado que en esta icónica fiesta estadounidense la gente se inspire en el crisol de culturas.
En el siglo XIX, el Thanksgiving se instituyó con una forma de "americanizar" a los nuevos inmigrantes, dice Sandra Oliver, editora de Food History News y co autora de Giving Thanks, una historia del feriado.
"Hubo un gran esfuerzo para enseñar a los niños del feriado del Día de Acción de Gracias —todo se hacía en las escuelas— y de atribuirle toda clase de virtudes a los antepasados peregrinos, verdaderamente elevándolos mucho más de su significado", dice Oliver.
"Hay fotos de estos niños con sombreros de peregrinos, no importa quienes fueran. Fue exitoso. Los niños no fallaban en llegar a la casa y decir: ‘Tenemos que comer pavo el jueves’".
Los fundadores no contaban con la astucia de los recién llegados, muchos de los cuales adoptaron el feriado, pero a su manera.
Marcela Valladolid, autora del libro Fresh Mexico, creció cruzando la frontera de Estados Unidos con México todos los días, dejando su hogar en Tijuana antes del amanecer para asistir a la escuela en San Diego. Ella dice que absorbió ambas culturas "100 por ciento" al igual que lo ha hecho su celebración de Thanksgiving.
"No lo segregamos", dice. "No es que el pavo es estadounidense y luego hay tamales. Hay chile en el pavo".
Valladolid asa el pavo con un glaceado de albaricoque, tequila y chile y lo sirve con calabazas asadas con chile chipotle y coles de Bruselas en crema morilla. Ella dice que el festín se inspiró en su experiencia de cruzar la frontera, pero también es una forma de incluir a todo la familia en el feriado.
"Mi padre casi no habla inglés", dice ella. "Este feriado es nuevo para él. Él comenzó a celebrar Thanksgiving cuando se casó con mi mamá. Siéntate a comer comida tailandesa por primera vez. Puede ser un reto. Me imagino que así fue con mi padre la primera vez que se sentó frente a un enorme pavo".
Si Valladolid ve que darle un toque étnico al Thanksgiving es una forma de traer a la generación mayor de la familia a la nueva tradición, otros lo ven al revés: una forma de preservar y comunicar la cultura a la próxima generación.
En el restaurante Tabla de Nueva York, el chef nacido en Bombay Floyd Cardoz es conocido por combinar especias y sensibilidades indias con ingredientes americanos. Tras más de 20 años en los Estados Unidos, hace lo mismo con su cena de Acción de Gracias.
Cardoza prepara su pavo en una salmuera de jengibre fresco y hoja de laurel y luego lo frota con pimienta negra, chiles, ajo y laurel. "Lo froto por todo el ave y debajo de la piel", dice. "Lo hace más sabroso".
Su relleno a base de pan de maíz con chorizo huele a vinagre, clavos y canela. La salsa casera de arándanos tiene toques de jengibre, pimienta, clavos y canela. "Es mucho más interesante que la que viene enlatada", dice.
También se asegura de preparar aperitivos indios como samosas antes de la cena, al igual que especialidades indias como pulao de arroz.
"El poner nuestras creencias en una cena, ata mi pasado con el futuro de mis hijos", dice Cardoz, cuyos hijos tienen 12 y 16 años. "Cuando ellos tengan hijos y preparan su propia tradición de Thanksgiving, quizás haya algo de la India ahí, y los llevará de vuelta. Hacer esto ata las generaciones.