Hoy quiero alertarte sobre tres enemigos "invisibles" que pueden estar escondidos en tu hogar y afectar a la salud de tu familia. Me refiero a la presencia de moho, de gas radón y de plomo.
Es posible tomar medidas para eliminar estos problemas pero, el primer paso, es saber cómo detectarlos.
El moho: algo más que manchas
¿Te has fijado en esas manchas negras que salen en las esquinas de la ducha o entre las baldosas del baño? Esas manchas son pequeños hongos que crecen cuando encuentran humedad.
Los hongos liberan esporas y estas pueden ocasionar reacciones alérgicas, problemas respiratorios, e incluso otros problemas de salud más graves, ya que hay hongos que producen esporas tóxicas. Para crecer, el moho necesita humedad, así que la medida fundamental para evitar el crecimiento de moho, es tener controlada la humedad en la casa.
Radón: El gas invisible
El radón, no sólo no se ve, sino que tampoco tiene ningún olor, ni ningún sabor. Se trata de un gas radioactivo que se produce de forma natural por la descomposición del radio que se encuentra en la tierra y en las rocas y, en dosis elevadas, aumenta el riesgo de padecer cáncer de pulmón.
La forma más común en la que el radón entra en una casa es a través de grietas en los pisos o paredes, huecos alrededor de las tuberías que vienen de fuera o juntas en la construcción del edificio. Los métodos más eficientes para acabar con la entrada de radón en una casa son: sellar las grietas en suelos y paredes, utilizar un sistema de ventilación para expulsar al exterior el gas acumulado en la casa y "airear" el agua, inyectando aire en la misma y luego desechándolo lejos de la casa, con un aparato especial para ello.
Pinturas contaminadas con plomo
El plomo se respira o se ingiere y puede provocar desde daños cerebrales hasta detención del crecimiento. Para las mujeres embarazadas es especialmente peligroso porque puede afectar al feto.
En general las casas construidas antes de 1950 suelen tener plomo. Además, en las casas antiguas donde la plomería sigue siendo de plomo, existe el peligro de que al corroerse se mezcle con el agua.
Si tu plomería es de plomo y no puedes cambiarlas, deja correr el agua al menos durante 30 segundos al abrirla por primera vez en la mañana, porque en las horas de la noche es cuando más plomo se acumula.