Cuando sucede una crisis o una situación que requiere más cuidado de lo normal, mucha gente se asusta por demás, pierde la objetividad y se desespera. Siente que su mundo se derrumba y sienten que no hay fin para este malestar.

Mantener la calma, aun cuando no es fácil, es vital. Ayuda a pensar con objetividad, tener más claridad, evaluar mejor la situación y poner las cosas en perspectiva. Estar informados es nuestra obligación, alarmarse y actuar con desesperación es tan solo una opción...

Gabriela recibió el llamado enardecido de su madre: "¡debes sacar a tu niño de la guardería inmediatamente!". Gabriela se quedó boquiabierta. Su madre le dijo que debido a la fiebre porcina no era bueno que su niño continuara concurriendo a la guardería.

Gabriela intentó explicarle en vano que hasta el presente no había mayor peligro, ya que no creía que estos niños estuvieran muy expuestos al virus.

"Nunca se sabe" respondió la mamá. ¿Acaso la señora que los cuida no viaja a veces a México, no recibe visitas de allí? ¡Quién sabe si no está ya contagiada!

Gabriela intentó por todos los medios de tranquilizar a su mamá, pero no lo logró.

Javier y su familia huyeron de la ciudad de México para buscar refugio en Acapulco. Sabían que ningún lugar está inmune a la fiebre porcina, pero les pareció buena idea mientras tanto, alejarse de la capital.

Javier, sin embargo, se sentía muy angustiado y ansioso. Le faltaba Gloria, su hija mayor que vive en California. Javier decidió llamarla y rogarle que ella y su familia se fueran a Acapulco. No era un buen momento para Gloria estar trasladándose a otra ciudad. Ella y su esposo necesitaban trabajar y los niños debían ir a la escuela. Pero para Javier, esto no era una excusa. En estos momentos de preocupación por la influenza, Javier deseaba tener a toda su familia junta.