Cuando te casaste, lo hiciste convencida de que la atracción y el amor estarían presentes en cada momento de tu vida. Sin embargo, las labores cotidianas y la falta de tiempo para dedicarte a ti misma y a tu pareja, te han hecho caer en una rutina que a veces amenaza con poner en riesgo tu relación.
El ser humano, por naturaleza, vive en constante transformación, tanto física, como mental e intelectual. Crecemos en todos los sentidos, aprendemos, cambiamos actitudes, aunque no siempre son para bien. De acuerdo con el psicoterapeuta Hans Olvera, académico de la Universidad Iberoamericana: “En las relaciones de pareja es muy común la frase ‘estoy contigo, pero nunca cambies’, “lo cual es una falacia porque la vida hace que cada uno se adapte a las circunstancias de manera distinta, y los ajustes implican modificaciones”.
El especialista advierte que los hombres son menos flexibles al cambio y, ante sucesos inesperados se vuelven intolerantes, les puede representar una severa crisis, mientras que la mujer tiene mayor claridad mental y capacidad de autopercepción.
“Fisiológicamente ella tiene una condición de flexibilidad y tolera más. Por ejemplo, la maternidad la lleva a cabo y experimenta en carne propia los cambios; o el inicio de la menstruación, como fenómeno físico le permite hacer adaptaciones en su cuerpo y mente; los hombres por su parte, no viven algo similar”.
Cuando dos personas deciden compartir su vida, pierden de vista que más allá de la historia ideal, existe un mundo real que les restará tiempo para estar juntos, o para dedicárselo por separado; olvidan que físicamente ya no serán los mismos cuando los años pasen; por lo que ambos tienen que trabajar en su relación, descubrir cada día en el otro sus capacidades, reconocer sus logros, acompañarlo y aceptarlo con los cambios que la vida les marca.
Humbelina Loyden, investigadora del Departamento Político y Cultural, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) explica que socialmente, a las mujeres se nos construye como un ser que debe actuar siempre en beneficio de otro: para los hijos, para la pareja o la familia, y no para ser ella misma, por lo que en ese proceso pierde su personalidad, desaparece para convertirse en un ser al servicio de los demás.
En concreto, debes proteger tu individualidad: “Casi por regla general, la mujer renuncia a todo lo que antes le apasionaba: su trabajo, sus gustos y su cuidado personal, para entregarse en cuerpo y alma a su esposo, porque así está estipulado; nos han enseñado a renunciar a nosotras mismas para darnos a los demás, por esta razón ella no sabe construirse en esa nueva etapa de su vida, se nulifica y evidentemente deja de ser y hacer aquellas cosas que hicieron que su esposo se enamorara”, opina la psicóloga de la UAM.
En numerosos casos el erotismo se va por la ventana. Las crisis matrimoniales comienzan a nivel individual, cuando no se tiene claridad en los sentimientos e ideas. Lo anterior desconcierta tanto al otro que puede hacer que éste pierda el interés y el trato amoroso. Por esto es necesario que como parte de este proceso de recuperación, incluyas de vez en cuando una cena romántica en algún lugar que es especial para ustedes, o que se escapen un fin de semana, sin más preocupación que disfrutar de un momento juntos.
Para ambos psicoterapeutas, los tiempos actuales exigen que el hombre y la mujer participen activamente en la consolidación de su relación, ambos deben de romper con los roles rígidos – en los que es ella quien debe poner el mejor esfuerzo - y refrendar el compromiso de amor, respeto y solidaridad que adquirieron al contraer matrimonio.
Cuidar de ti y preocuparte por tu bienestar, no es una señal de egoísmo hacia tu familia. En la medida en que te sientas satisfecha contigo misma en el sentido personal, laboral y de pareja, podrás transmitir a los tuyos la alegría de existir y darás ejemplo de lo importante que es trabajar día a día para mantener vivo el amor y sanas las relaciones humanas.