Miles de turistas recorren La Rambla de Barcelona, desde el modernista barrio del Ensanche hasta el malecón Paseo de Colón, junto al que se encuentran las playas bañadas por el Mediterráneo. No es de extrañar que esta kilométrica calle concentre la atención de tanto viajero, se trata de la vía más agitada, colorida y vivaz de la capital catalana... pero también la menos recomendada para quienes deseen encontrar el verdadero sabor de la ciudad.
Caminando de norte a sur, no es difícil desviarse hacia el oeste por el Mercado de la Boquería, para internarse por calles tal vez menos bulliciosas. Y quien lo hace obtiene su recompensa: una Barcelona más auténtica aparece ante sus ojos, justo ahí donde se erige El Raval.
Hasta hace algunos años, este pequeño barrio de apenas una decena de calles, emplazado a un lado del Gótico, no hubiera aparecido en ninguna guía de turistas y los barceloneses no lo habrían recomendado. Pero ha sido gracias a espacios como el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), que poco a poco la zona se ha levantado, al tiempo que le escena cultural bulle y se reinventa.
El Raval se formó como resultado de la expansión de las murallas del barrio Gótico, a mediados del siglo 14, así que es uno de los más antiguos de la ciudad. El Hospital de la Santa Creu, que data de 1401, hoy es un punto obligado de los amantes de la historia y la arquitectura; imprescindible resulta pasear por su patio y conocer uno de sus edificios más hermosos, la Biblioteca de Cataluña, especializada en la historia del pueblo catalán.
En el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), un espacio multidisciplinario inaugurado en 1994, se organizan y promueven debates culturales, exposiciones, ciclos de cine, conciertos, cursos y conferencias. Pero el arte también se vuelve callejero y toma las paredes de casas y comercios: el graffiti es un miembro destacado del barrio y decora orgulloso sus puntos medulares, como la Plaza de la Garduña.
Durante años, los catalanes se referían a esta parte de la ciudad como "El Barrio Chino", debido a la numerosa presencia de migrantes que lo poblaban, aunque la mayoría no procedía precisamente de China, sino del Magreb. Actualmente, sigue siendo un barrio de inmigrantes, por donde caminan mujeres musulmanas que ocultan su cabello entre velos, junto a hombres morenos y delgados que se deslizan en bicicleta. Puede que el carácter exótico de El Raval sea uno más de los clichés de Barcelona; pero al mismo tiempo, este barrio los desafía todos. Y ahí radica su encanto.
Sin olvidar a los clásicos
Un paseo por El Raval no es pretexto para dejar olvidados otros clásicos catalanes cuya belleza vale la pena admirar más de una vez. En el barrio vecino, el Gótico, sobresale la Catedral, dedicada a Santa Eulalia y que data del año 1298. Tras ella se entretejen una serie de pasadizos y callejuelas angostas, llenas de pequeñas tiendas de lo más variado, por donde vale la pena perderse.
Al este del Barrio Gótico, ya en el área de Sant Pere, está el mercado Santa Caterina, con su techo ondulado de coloridos mosaicos, obra del catalán Enric Millares. Ahí mismo se puede tomar un buen almuerzo, en el restaurante Cuines Santa Caterina.
Al norte del mercado está el Palau de la Música Catalana, uno de los edificios modernistas más bellos de Barcelona, por dentro y por fuera, obra de Lluís Domènech i Montaner.
www.barcelonaturisme.com
Al este del Barrio Gótico, ya en el área de Sant Pere, está el mercado Santa Caterina, con su techo ondulado de coloridos mosaicos, obra del catalán Enric Millares. Ahí mismo se puede tomar un buen almuerzo, en el restaurante Cuines Santa Caterina.
Al norte del mercado está el Palau de la Música Catalana, uno de los edificios modernistas más bellos de Barcelona, por dentro y por fuera, obra de Lluís Domènech i Montaner.
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