FORT BRAGG, Carolina del Norte
Cuando se enroló en el ejército ha 18 años, Iván Castro se fijó varias metas: saltar en paracaídas, voltear puertas a patadas y liderar soldados en combate. Las cumplió todas.
Al perder la vista tras el estallido de un obús muy cerca suyo en Irak, se planteó nuevos objetivos. Más ambiciosos todavía.
No se dio por satisfecho con el solo hecho de permanecer en el ejército y es hoy el único ciego que sirve en las Fuerzas Especiales, las unidades de élite que realizan osadas misiones detrás de las fuerzas enemigas.
"Voy a hacer mucho más que lo que se espera de uno", expresó Castro, de 40 años, en los cuarteles de Fort Bragg, donde ha sido asignado. "No quiero ir al cuartel y sentarme en una oficina. Quiero trabajar todos los días y cumplir misiones".
Desde que comenzó la guerra en Irak, más de 100 soldados quedaron ciegos y otros 247 perdieron la vista en un ojo.
Solo tres de ellos siguen en el servicio activo: Castro es capitán instructor del Centro de Armas Combinadas del Fort Leavenworth, en Kansas.









