Vladimir Antuna ya había sufrido un atentado el 28 de abril de 2009. Entonces, unos desconocidos dispararon a su domicilio.

El lunes pasado, manejaba su automóvil desde su casa para cubrir un evento periodístico al que ya no llegó, porque dos sujetos armados lo secuestraron tras cerrarle el paso con otro vehículo. Doce horas después apareció muerto en un terreno baldío, según reportes de la Procuraduría General del Estado de Durango.

Independientemente de la violencia creciente del crimen organizado, las organizaciones defensoras de periodistas coinciden en que autoridades también se han convertido en cómplices, e incluso responsables, de graves violaciones de los derechos humanos.