Inmigrantes caminan por una calle de Brooklyn, Nueva York. Foto: Archivo. (FOTO: Archivo)
Denver, 1 de Septiembre (EFE).- La llegada de inmigrantes latinos a Utah fortalece tanto las familias como los matrimonios de este estado, sin importar si los inmigrantes poseen o no la documentación apropiada o si hablan suficiente inglés, revela un estudio difundido por el Instituto Sutherland de Salt Lake City.
Según el reporte, dirigido por Derek H. Monson, la proporción de inmigrantes adultos hispanos que se casa (69 por ciento) es “apenas superior” al porcentaje de adultos no hispanos que contraen matrimonio (66 por ciento).
Además, no hay diferencias estadísticas entre uno y otro grupo con respecto a la decisión de casarse y tanto hispanos como no hispanos tienen casi el mismo porcentaje de parejas casadas y viviendo juntas (60 por ciento contra 62 por ciento).
Si los padres viven juntos, entonces los hijos también están en el mismo hogar en un 85 por ciento de los casos, sin importar el origen étnico de la pareja. Además, contrariamente a la percepción popular, el número de hijos por matrimonio es similar entre los dos grupos, oscilando entre 1,5 y 1,6 hijos por pareja.
El estudio, difundido este lunes, es una actualización del reporte inicial publicado en agosto del 2008.
La mayor diferencia entre uno y otro grupo se registra en el porcentaje de divorcios, ya que mientras un 9 por ciento de los matrimonios de no hispanos de Utah concluye de esa manera, sólo el 3 por ciento de los matrimonios entre hispanos termina así.
Monson compiló la información en el contexto del debate de la ley SB08-81, aprobada por la legislatura de Utah en 2008 pero que recién entró en vigor en julio de este año, que establece restricciones a los servicios públicos a los que pueden acceder las personas indocumentadas y exige verificar los documentos de potenciales empleados.
“Según nuestra investigación, los inmigrantes indocumentados refuerzan valiosas tendencias culturales que a su vez, por asociación, ayudan a fortalecer otros matrimonios”, expresó Monson.
“Ellos (los inmigrantes) llegan a Utah precisamente porque es un lugar orientado hacia las familias donde uno puede trabajar duro y criar una familia”, agregó.
Monson basó sus conclusiones iniciales en datos del censo del 2006 y comparó distintos parámetros, incluyendo cantidad de horas de trabajo semanal, dominio del inglés, porcentaje de reclusos de cada grupo étnico en las cárceles de Utah, ingresos anuales por familia y nivel educativo de los padres.
Al tener en cuenta esos factores, concluyó que “la mayoría de los inmigrantes indocumentados de Utah son personas de buena voluntad cuya presencia es de beneficio para las comunidades en las que viven".
En la actualidad, el 12 por ciento de los 2,7 millones de habitantes de Utah es hispano y de esa cifra, un 58 por ciento es inmigrante.
Según el reporte, dirigido por Derek H. Monson, la proporción de inmigrantes adultos hispanos que se casa (69 por ciento) es “apenas superior” al porcentaje de adultos no hispanos que contraen matrimonio (66 por ciento).
Además, no hay diferencias estadísticas entre uno y otro grupo con respecto a la decisión de casarse y tanto hispanos como no hispanos tienen casi el mismo porcentaje de parejas casadas y viviendo juntas (60 por ciento contra 62 por ciento).
Si los padres viven juntos, entonces los hijos también están en el mismo hogar en un 85 por ciento de los casos, sin importar el origen étnico de la pareja. Además, contrariamente a la percepción popular, el número de hijos por matrimonio es similar entre los dos grupos, oscilando entre 1,5 y 1,6 hijos por pareja.
El estudio, difundido este lunes, es una actualización del reporte inicial publicado en agosto del 2008.
La mayor diferencia entre uno y otro grupo se registra en el porcentaje de divorcios, ya que mientras un 9 por ciento de los matrimonios de no hispanos de Utah concluye de esa manera, sólo el 3 por ciento de los matrimonios entre hispanos termina así.
Monson compiló la información en el contexto del debate de la ley SB08-81, aprobada por la legislatura de Utah en 2008 pero que recién entró en vigor en julio de este año, que establece restricciones a los servicios públicos a los que pueden acceder las personas indocumentadas y exige verificar los documentos de potenciales empleados.
“Según nuestra investigación, los inmigrantes indocumentados refuerzan valiosas tendencias culturales que a su vez, por asociación, ayudan a fortalecer otros matrimonios”, expresó Monson.
“Ellos (los inmigrantes) llegan a Utah precisamente porque es un lugar orientado hacia las familias donde uno puede trabajar duro y criar una familia”, agregó.
Monson basó sus conclusiones iniciales en datos del censo del 2006 y comparó distintos parámetros, incluyendo cantidad de horas de trabajo semanal, dominio del inglés, porcentaje de reclusos de cada grupo étnico en las cárceles de Utah, ingresos anuales por familia y nivel educativo de los padres.
Al tener en cuenta esos factores, concluyó que “la mayoría de los inmigrantes indocumentados de Utah son personas de buena voluntad cuya presencia es de beneficio para las comunidades en las que viven".
En la actualidad, el 12 por ciento de los 2,7 millones de habitantes de Utah es hispano y de esa cifra, un 58 por ciento es inmigrante.








